El fenómeno que trae de cabeza al planeta
En Tantita Tinta nos ponemos serios, pero con su buena dosis de análisis accesible, para hablar de un tema que nos afecta a todos: el fenómeno de El Niño. En los últimos meses, este viejo conocido de los océanos acaparó los titulares y no es para menos. Diversas organizaciones internacionales pronostican que estamos ante el evento más intenso desde 1950, una condición que podría desatar lluvias torrenciales y sequías severas en prácticamente todo el mundo.
A principios de septiembre, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que El Niño ya está firmemente instalado en el Pacífico ecuatorial. Con una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027, los medios ya lo bautizaron como el ‘Super Niño’. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) y otros organismos ya lanzaron la voz de alarma para adoptar medidas urgentes y proteger a las poblaciones y ecosistemas.
¿Qué es exactamente El Niño y por qué nos importa?
Para entender el drama, hay que irnos a las bases. El Niño es un ciclo climático natural en el que la temperatura de la superficie del mar —desde el Pacífico ecuatorial hasta las costas de Sudamérica— sube más de lo habitual y se mantiene así por cerca de un año. El calor acumulado en el océano se eleva hacia la atmósfera y desata una reacción en cadena.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) utiliza la región “Niño 3.4” para medirlo. Cuando la temperatura promedio supera por 0.5 °C el promedio durante cinco periodos consecutivos y los vientos alisios se debilitan, el agua cálida se estanca en el este y ¡pum!, se desata el caos climático.
¿Qué hace tan especial a este episodio?
En entrevista con expertos, en Tantita Tinta analizamos por qué este evento nos saca canas verdes. José Martín Cortés, meteorólogo operativo de Meteored México, explicó que este episodio es peculiar por su velocidad de fortalecimiento y su intensidad nunca antes vista en más de siete décadas.
La NOAA pronostica una anomalía de 2.6 °C por encima de lo habitual, superando los registros históricos de 1982-1983 (2.4 °C) y los de 1997-1998 y 2015-2016 (2.3 °C). Por su parte, Francisco Estrada, del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, señala que esto ocurre en un contexto alarmante: la temperatura global ya está 1.46 °C por arriba del promedio preindustrial y nos estamos acercando peligrosamente al límite de 1.5 °C.
¿Todo es culpa del cambio climático?
Aquí es donde se arma el debate en la mesa de redacción y entre los científicos. Por un lado, los negacionistas culpan a la variabilidad natural; por el otro, los ambientalistas apuntan directo a la falta de compromiso global. Cortés señala que faltan estudios de atribución 100% confiables, pues en siglos pasados pudo haber eventos similares sin que hubiera registros o tanta población sufriendo las consecuencias.
Sin embargo, Estrada recalca que el cambio climático y El Niño ya van de la mano. No se trata de elegir entre un fenómeno natural o uno provocado, sino de entender cómo interactúan. La gran preocupación de los científicos no es solo la fuerza del evento, sino las sorpresas que pueda darnos un clima que ya cambió para siempre, alterando lluvias, sequías y la disponibilidad de agua en nuestras ciudades.
Fuente: WIRED en Español