¿Liga de desarrollo o la tumba de la competitividad?
En Tantita Tinta siempre hemos sido muy claros: el futbol mexicano atraviesa una crisis de identidad que va mucho más allá de lo que pasa en la cancha. Recientemente, el tema del ascenso y descenso ha vuelto a encender los ánimos, y las palabras de Mikel Arriola, presidente de la Liga MX, no han hecho más que echarle gasolina al fuego. Después del triunfo de la Selección Mexicana sobre Canadá, que nos amarró el pase a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, el directivo dejó una postura que, siendo sinceros, no cayó nada bien entre la afición.
La postura oficial es tajante: la Liga de Expansión no es, ni será, una segunda división como la conocemos en el resto del mundo. Para la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut), se trata de un semillero de talento. Así, tal cual. Mientras el hincha sueña con ver a su equipo local subir a primera división por méritos deportivos, la realidad que nos pintan desde los escritorios es una estructura enfocada en la formación de jóvenes Sub-23.
¿Qué hay detrás de este “semillero”?
Para Mikel Arriola, la lógica es financiera y formativa. El directivo argumenta que el enfoque actual permite que equipos de la Liga MX tengan sus filiales en esta categoría —citando como ejemplos a las de Guadalajara y Cruz Azul—, lo que supuestamente garantiza que el talento joven tenga minutos. Pero, ¿a qué costo? Para muchos, esto ha convertido al torneo en una liga cerrada donde el mérito deportivo quedó relegado a un segundo plano.
La realidad es que, mientras se inyectan recursos en este formato de desarrollo, el costo de oportunidad para los clubes de provincia es altísimo. Hablamos de proyectos que pierden la posibilidad de crecer, lo que se traduce en pérdidas millonarias —a veces superiores a los 50 o 100 millones de pesos en valor de marca y patrocinios— que se esfuman al no tener la zanahoria del ascenso frente a ellos.
La voz de los que juegan (y los que sufren)
No es solo el fanático que se topa a Arriola en un avión y le reclama el lío del futbol; los propios protagonistas han alzado la voz. Hace poco, los jugadores de la Liga de Expansión enviaron una carta contundente: “No pedimos un lugar en Primera División. Pedimos el derecho a ganárnoslo. No pedimos privilegios. Pedimos igualdad de oportunidades para competir y progresar a través del mérito deportivo”. Una exigencia que resuena en las gradas de estadios que hoy se sienten vacíos de propósito.
Para nosotros en Tantita Tinta, la pregunta es obligatoria: ¿puede un sistema de futbol sobrevivir a largo plazo ignorando el espíritu de la competencia? Si le quitas a un jugador y a una afición la esperanza de subir, ¿qué queda realmente por disputar? La respuesta de la Femexfut parece ser el estancamiento, bajo la etiqueta de “desarrollo”.
Mientras tanto, seguiremos esperando que los escritorios escuchen lo que la cancha, los jugadores y la gente gritan a todo pulmón: el futbol mexicano necesita aire fresco, no una liga de desarrollo que parece más un callejón sin salida.
Fuente: Sopitas Deporte