¿El sueño cripto de Bukele se está convirtiendo en pesadilla? El Salvador frente al espejo del FMI

¿La apuesta maestra o el gran error financiero?

En Tantita Tinta nos hemos dado a la tarea de analizar la situación que mantiene en vilo a los mercados internacionales. El Salvador, bajo la administración de Nayib Bukele, se convirtió en el primer país del mundo en adoptar el Bitcoin como moneda de curso legal. Sin embargo, el reciente desplome del criptoactivo ha puesto al país en una situación de alta tensión, y no solo por la volatilidad del mercado, sino por la complicada relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Las cifras detrás de la incertidumbre

La estrategia de comprar “un Bitcoin al día” ha sido constante, pero los números no mienten. De los aproximadamente 16 mil 600 millones de pesos (calculados sobre una base de 800 millones de dólares) que el gobierno tenía en sus reservas, el valor ha caído a unos 10 mil 400 millones de pesos. Esto, en un país que busca desesperadamente cerrar un acuerdo de préstamo por 29 mil 200 millones de pesos con el FMI, no parece ser la mejor carta de presentación.

Los mercados no han pasado esto por alto. Los inversionistas han mostrado su nerviosismo disparando los costos para asegurar el impago de la deuda salvadoreña, alcanzando niveles que no se veían en cinco meses. ¿El miedo principal? Que el dinero del FMI termine, de alguna forma, alimentando la compra de más criptoactivos en lugar de fortalecer las arcas nacionales.

¿Por qué importa tanto el FMI?

  • Transparencia: El Fondo exige claridad absoluta en la gobernanza y uso de los activos digitales.
  • Pensiones: El retraso en la reforma del sistema de pensiones es otro punto de fricción que ha frenado la segunda revisión del programa de préstamos.
  • Estabilidad: El programa del FMI funciona como una “ancla” que da confianza a los mercados. Sin ella, el riesgo país se dispara.

Aunque el gobierno de Bukele ha logrado éxitos notables en seguridad y una reducción de su déficit fiscal (alrededor del 3% del PIB), la dependencia de la estrategia cripto es una apuesta que muchos analistas consideran peligrosa. A pesar de todo, hay una luz al final del túnel: el apoyo del BID con cerca de 27 mil millones de pesos para proyectos de infraestructura y el optimismo que genera la cercanía política con la administración estadounidense.

¿Qué sigue para El Salvador?

El país tiene compromisos ineludibles. Para este año, debe cubrir pagos de bonos por unos 9 mil 400 millones de pesos, cifra que aumentará considerablemente el próximo año. Para Tantita Tinta, la pregunta es clara: ¿logrará Bukele mantener el equilibrio entre su visión tecnológica y las exigencias financieras internacionales? La respuesta se empezará a despejar en marzo, cuando se espera que el FMI retome las revisiones del programa. La moneda, literal y figuradamente, sigue en el aire.

Fuente: Bloomberg

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