¿El regreso de los vinilos o pura nostalgia?
En el equipo de Tantita Tinta nos encanta echar un clavado en esos debates que definen nuestra relación con la cultura. Últimamente, las noticias musicales no dejan de presumir el aparente regreso triunfal de los formatos físicos. Millones de personas en todo el mundo —y México no es la excepción— siguen gastando una buena lana en discos de vinilo, CDs y hasta cassettes. Pero la verdadera pregunta que nos deberíamos hacer es: ¿alguna vez se fueron realmente?
Para entender este fenómeno que va más allá de un simple capricho retro, tenemos que hablar de un concepto fascinante conocido como música hauntológica. No te preocupes, no necesitas un doctorado en filosofía para entenderlo; aquí en Tantita Tinta te lo desmenuzamos con peras y manzanas.
¿Qué diablos es la hauntología musical?
El término viene de mezclar la ontología (el estudio de lo que existe) con el verbo en inglés haunt, que significa acechar o rondar. Fue acuñado originalmente por el filósofo Jacques Derrida y retomado a principios de los 2000 por el crítico cultural Mark Fisher para explicar algo muy peculiar: cómo nuestro presente está habitado por los fantasmas de futuros que jamás llegaron a suceder.
En el terreno musical, Fisher usó este concepto para describir el trabajo de proyectos como The Caretaker o Burial, quienes utilizaban sonidos que evocaban la presencia de un vinilo gastado (ese clásico crujido o crack) incluso cuando ya estaban grabando de forma digital. Era un anhelo por el viejo régimen material, una melancolía digital ante la pérdida de la presencia física de las cosas.
El futuro que nunca llegó y el ciclo eterno del reciclaje
Pensemos en esto un segundo mientras te tomas un cafecito. La generación que creció en los años 70 y 80 tenía una visión del futuro sumamente futurista: autos voladores, ciudades espaciales y tecnología alucinante. Sin embargo, ese futuro prometido se estancó. Hoy en día, la industria musical y cultural parece haberse quedado sin brújula, dedicándose únicamente a reciclar, revivir y reempaquetar lo que ya funcionó en el pasado.
Para ponerlo en perspectiva económica, comprar un vinilo de edición especial hoy en día puede costarte fácilmente entre $600 y $1,200 pesos mexicanos, una inversión nada despreciable si la comparamos con pagar una suscripción mensual de streaming que ronda los $120 o $150 pesos. ¿Por qué preferimos desembolsar esa cantidad? Simple: buscamos aferrarnos a algo tangible en una época donde todo es efímero y virtual.
¿Un alivio contra la prisa digital o puro confort?
Para nosotros en Tantita Tinta, este fenómeno refleja una necesidad casi inconsciente de frenar el ritmo acelerado de nuestra vida cotidiana. Desempacar un disco, leer las letras en el librito y colocar la aguja con cuidado sobre el surco del vinilo es un ritual casi meditativo que contrasta brutalmente con saltar de canción en canción en el celular mientras estás atorado en el tráfico de la CDMX.
- El ritual: El formato físico exige atención; el streaming fomenta el consumo exprés.
- La memoria material: Los cassettes y vinilos guardan las huellas del tiempo y el uso.
- La ilusión del futuro: Seguimos comprando objetos del pasado porque el presente no nos ofrece promesas claras.
Irónicamente, Mark Fisher tal vez no imaginó que sus fantasmas se volverían tan reales. Hoy las tiendas de discos están abarrotadas, pero la paradoja persiste: tenemos de vuelta los aparatos y los formatos, mas no una música que se atreva a construir un futuro propio. Nos hemos vuelto expertos en reciclar la nostalgia.
Y tú, ¿eres de los que gasta su quincena en vinilos pesados o prefieres la comodidad infinita de tu aplicación de música? Cuéntanos en los comentarios y sigamos debatiendo este asunto.
Fuente: Sopitas Musica