El secreto prehispánico que ignoras cada vez que te quedas atorado en el Periférico

Un gigante olvidado en medio del caos vial

Si vives en la Ciudad de México, seguramente te ha tocado vivir la experiencia de estar atrapado en el tráfico sobre el Anillo Periférico, justo a la altura de Insurgentes Sur, viendo cómo el tiempo se te escapa entre cláxones y desesperación. Lo que probablemente no sabes es que, a pocos metros de tu ventanilla, un guardián de piedra de más de 2 mil 500 años de antigüedad te observa en silencio. Se trata de la zona arqueológica de Cuicuilco, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido mucho antes de que se inventaran los semáforos.

En Tantita Tinta nos dimos a la tarea de investigar este rincón que sobrevive, estoico y lleno de nopaleras, a la modernidad capitalina. Olvida las postales clásicas de Teotihuacán por un momento; Cuicuilco es, en realidad, el abuelo de los grandes centros ceremoniales del Valle de México.

¿Qué hace a Cuicuilco tan especial?

A diferencia de las clásicas pirámides rectangulares a las que estamos acostumbrados, Cuicuilco nos regala una rareza arquitectónica: su Gran Basamento es circular. Este diseño no fue coincidencia, sino una herramienta precisa. En aquel entonces, los antiguos pobladores usaban esta estructura para estudiar el movimiento del Sol, dando forma a uno de los primeros calendarios prehispánicos de nuestra región.

Su nombre, que en náhuatl significa “lugar donde se hacen cantos y danzas”, nos da una pista de la energía que ahí se concentraba. Fue un centro urbano vibrante que llegó a albergar a cerca de 20 mil personas, convirtiéndose en el epicentro donde los pueblos se conectaban con el cosmos, mucho antes de que la Ciudad de los Dioses (Teotihuacán) alcanzara su gloria.

Sobreviviente del fuego y el olvido

La historia de este sitio es digna de una película. ¿Sabías que esta pirámide es más antigua que muchas de las famosas construcciones de Egipto? Sin embargo, su destino cambió drásticamente con la erupción del volcán Xitle entre el 245 y 315 d.C. La lava sepultó gran parte de la ciudad, obligando a sus habitantes a migrar y dejando a la pirámide bajo una capa de roca volcánica que la mantuvo oculta durante siglos, haciéndola pasar por una simple colina natural ante los ojos de los exploradores.

No fue sino hasta 1922 cuando el arqueólogo Byron Cummings, junto con Manuel Gamio, rescataron del olvido este tesoro, revelando esculturas dedicadas a Huehueteotl, el Viejo Dios del Fuego.

Planea tu visita: Un plan cultural sin gastar un peso

Para nosotros en Tantita Tinta, recorrer Cuicuilco es una experiencia necesaria para entender nuestra identidad. Hoy, el sitio cuenta con un museo de sitio donde puedes ver de cerca herramientas, maquetas y objetos que nos cuentan cómo era la vida cotidiana en el Pedregal antes de los centros comerciales y las oficinas.

  • Ubicación: Esquina de Periférico e Insurgentes, alcaldía Tlalpan.
  • Estructura: 25 metros de altura y 120 metros de diámetro en su base.
  • Costo: ¡Entrada totalmente gratuita!
  • Horarios: De martes a domingo, de 09:00 a 17:00 horas.

Así que la próxima vez que el tráfico te haga perder la paciencia, recuerda que a escasos metros hay un espacio que ha sobrevivido erupciones volcánicas, conquistas y la expansión urbana. Darse una vuelta por Cuicuilco es, sin duda, la mejor forma de reconciliarse con la historia de nuestra gran metrópoli.

Fuente: Sopitas Cosas


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