Un pueblo atrapado en el tiempo: Bienvenidos a La Romita
Si alguna vez has caminado por la Roma Norte, seguro te has topado con ese rincón donde el ruido de los coches y la prisa de la ciudad parecen esfumarse de golpe. Hablamos de La Romita, un pedacito de historia que se resiste a ser absorbido por la modernidad y que, en Tantita Tinta, nos encanta explorar. No es solo un barrio; es un vestigio vivo de lo que fue la capital mucho antes de que se pusiera de moda tener cafeterías de especialidad en cada esquina.
Aunque su nombre sugiere una conexión con Italia, la realidad es mucho más chilanga. Resulta que, en el siglo XVIII, el camino que conectaba este asentamiento con Chapultepec estaba tan lleno de árboles que a los españoles les recordó los senderos romanos. Pero no te confundas: este lugar es más viejo que la misma colonia Roma y sus raíces son puramente prehispánicas.
De Aztacalco a La Romita: El origen
Mucho antes de las casonas afrancesadas que hoy ves por la zona, aquí existía un islote llamado Aztacalco, que significa “casa de las garzas”. Tras la caída de Tenochtitlan, este sitio se convirtió en un refugio para la comunidad indígena que buscaba mantener su identidad. La Capilla de Santa María de la Natividad Aztacalco, construida hacia 1530, es el corazón palpitante del barrio y uno de los edificios más antiguos de toda la ciudad.
Entre bandidos y el “Señor del Buen Ahorcado”
No todo ha sido paz y tranquilidad en estas calles. Durante la época colonial, La Romita cargó con una fama pesada: era una zona de peligro donde operaban bandidos y donde, según cuenta la leyenda, se hacía justicia por propia mano. Se dice que los sentenciados eran ejecutados en los ahuehuetes que rodeaban la capilla, lo que le valió el oscuro apodo de la Iglesia del Señor del Buen Ahorcado.
¿Qué más esconden sus muros? Aquí algunos puntos que hacen de La Romita un lugar único:
- Refugio de nahuales: Los relatos populares aseguran que los criminales locales se disfrazaban de hechiceros para aterrorizar a los vecinos y cometer sus fechorías.
- Escenario de cine: ¿Recuerdas Los Olvidados de Luis Buñuel? Gran parte de esa crudeza se filmó aquí, capturando la marginalidad que imperaba en la zona a mediados del siglo XX.
- La literatura: José Emilio Pacheco inmortalizó el miedo que inspiraba este barrio en su famosa novela Las Batallas en el Desierto, cuando el “robachicos” era el terror de los niños.
¿Vale la pena visitarlo hoy?
A diferencia de su vecino, el sector moderno de la Roma que se fraccionó a partir de 1903, La Romita conservó su trazo original de callejones estrechos y empedrados. Hoy, afortunadamente, es una zona mucho más segura y transitable. Si buscas un plan de fin de semana, darte una vuelta por su pequeña plaza y observar la arquitectura colonial que ha sobrevivido a la gentrificación es una experiencia obligatoria.
En Tantita Tinta creemos que para entender el caos y la belleza de la Ciudad de México, hay que visitar sus raíces. La Romita es, sin duda, ese puente entre el pasado indígena, la herencia colonial y el presente urbano que todos habitamos.
Fuente: Sopitas Cosas