El dilema de regresar a la cancha
Cuando el mundo atravesaba momentos sumamente oscuros durante la pandemia, Ted Lasso llegó a nuestras pantallas como un apapacho directo al corazón. Su mezcla de optimismo desbordante y personajes entrañables se convirtió en el antídoto perfecto contra cualquier crisis. Sin embargo, como bien sabemos en el equipo de Tantita Tinta, las segundas partes o los regresos inesperados suelen tener un costo muy alto. Aunque la esperada cuarta temporada nos ha devuelto la fe en la serie gracias a varios aciertos, hay un detalle que nos duele hasta el tuétano: la forma en la que están manejando a sus personajes femeninos.
El drama futbolístico y las ocurrencias del afable entrenador nos siguen arrancando sonrisas, pero la brújula creativa parece haberse perdido un poco en el camino. Al estirar chicles narrativos que ya habían tenido un cierre digno, los guionistas se metieron solitos en un lío del que no terminan de salir bien librados.
Rebecca Welton: De jefa empoderada a caricatura
Para nosotros en Tantita Tinta, uno de los tropiezos más dolorosos de esta nueva entrega es lo que hicieron con Rebecca. Durante tres temporadas la vimos consolidarse como una mujer de negocios implacable, capaz de superar cualquier obstáculo con una elegancia inigualable. Pero, ¿qué pasó ahora? En esta cuarta temporada la reducen a una ridícula obsesión por la barbacoa y la meten en una espiral defensiva que raya en un feminismo exagerado y bastante forzado.
Por si fuera poco, su dinámica sentimental con Matthijs termina por empeorar las cosas. En lugar de mostrar a una directiva sumamente competente, nos pintan a alguien incapaz de equilibrar su vida personal y profesional, un cliché machista del que esperábamos que la serie estuviera completamente curada.
Keeley Jones y el retroceso en su autonomía
Y mejor ni hablemos del lío en el que metieron a Keeley Jones. Al final de la tercera temporada, la vimos brillar al frente de su propia agencia de relaciones públicas, tomando la madura decisión de elegir su propio camino muy lejos de las sombras de Roy o Jamie. Era la cúspide de su independencia.
No obstante, la nueva temporada parece barrer con todo ese esfuerzo para tratarla con una condescendencia innecesaria. Su repentino e intenso enamoramiento por Roy Kent se siente como un retroceso tremendo que choca de golpe con la autonomía que tanto le costó construir frente a la computadora y en las altas esferas empresariales.
Nuevos rostros, viejos vicios
Aunque la llegada de nuevas jugadoras al equipo ha traído un aire fresco muy necesario, la verdad es que los guionistas no supieron aprovechar del todo este impulso:
- Las subtramas de disputas internas entre las futbolistas se sienten repetitivas.
- La introducción de la entrenadora Alice Chilton cae en el gastado molde de la mujer amargada y conflictiva.
- Se perpetúa una rivalidad absurda entre mujeres que la serie solía rechazar tajantemente.
¿Valía la pena exprimir la historia?
El verdadero problema detrás de todo este embrollo es que los arcos de personajes como Rebecca y Keeley prácticamente habían llegado a su meta natural en la tercera entrega, la cual originalmente estaba pensada como el adiós definitivo. Al resucitar el proyecto, la producción se vio en la penosa necesidad de inventar conflictos artificiales solo para rellenar los episodios.
A pesar de estos tropiezos, en Tantita Tinta confiamos en que el equipo creativo tiene el talento suficiente para enderezar el barco antes de que el partido se nos vaya de las manos. Todavía hay margen de maniobra, y los aficionados merecemos un cierre a la altura de la leyenda del A.F.C. Richmond. Ojalá los guionistas escuchen las gradas.
Fuente: Espinof