¿Preocupación genuina o solo morbo en redes sociales?
En Tantita Tinta nos encanta analizar los fenómenos que dominan la conversación digital, pero a veces, lo que parece una charla casual en Twitter o TikTok esconde un lado bastante oscuro. En semanas recientes, el Internet ha volcado toda su atención —y no precisamente para bien— en la apariencia física de celebridades como Ariana Grande. Bajo el estandarte de una supuesta “preocupación por su salud”, miles de usuarios se han dedicado a analizar fotos, comparar el “antes y después” y lanzar teorías sobre si el uso de medicamentos como el GLP-1 está detrás de una pérdida de peso evidente.
Pero, ¿realmente estamos ayudando? Los expertos sugieren que, aunque muchos usuarios crean actuar por empatía, lo que en realidad están provocando es un efecto rebote sumamente dañino, especialmente para quienes enfrentan trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
El regreso de una obsesión peligrosa
El debate se encendió aún más tras el lanzamiento de contenidos donde figuras públicas son cuestionadas por no ajustarse a un estándar específico. Esto ocurre en un momento donde el regreso de la estética noventera de extrema delgadez parece haber desplazado los esfuerzos que durante la década pasada intentaron fomentar el amor propio y la diversidad corporal.
Para Allison Logue, terapeuta familiar especializada en TCA, el problema es que estas comparaciones visuales funcionan casi como un “manual” para personas con trastornos alimentarios. “Compartir imágenes de famosos para analizar su peso es inútil y, peor aún, puede ser el detonante de una crisis para alguien en recuperación”, explica. En espacios digitales, estas fotos son a veces tomadas por comunidades tóxicas como material de inspiración, reforzando la idea de que tu valor personal depende de un número en la báscula.
¿Por qué hablar de cuerpos ajenos no salva vidas?
En Tantita Tinta creemos que es hora de cambiar la narrativa. Cuando criticamos el peso de alguien —ya sea diciendo que alguien se ve “demasiado delgada” o “muy gorda”—, lo único que logramos es normalizar el juicio constante sobre el cuerpo del prójimo. Keesha Amezcua, directora clínica en centros especializados, es contundente: el tono alarmista y sensacionalista no motiva a nadie a buscar ayuda profesional; al contrario, crea un ambiente de escrutinio insoportable.
- No somos expertos: Ver videos en redes sociales no nos convierte en especialistas en salud mental.
- El factor patriarcal: Es curioso cómo este escrutinio recae desproporcionadamente en mujeres, ignorando a menudo a los hombres famosos.
- El silencio es valioso: A veces, dejar de comentar sobre la apariencia ajena es el acto de mayor respeto que podemos tener.
¿Qué hacer si tú o alguien más lo necesita?
Si bien es válido sentir empatía por una figura pública que parece estar pasando por un momento difícil, convertir su vida en un reality show de chismes no es la solución. Los trastornos alimentarios son complejos y multifacéticos; no se curan con comentarios en un post de Instagram.
Si tú o alguien cercano están pasando por un momento complicado, recuerda que existen líneas de apoyo donde profesionales pueden brindarte orientación real. En México, puedes marcar a la Línea de la Vida al 800 911 2000. No están solos, y buscar ayuda profesional es siempre la decisión más valiente.
Fuente: WIRED en Español