El oscuro secreto de la IA: ¿Por qué en 2030 consumirá el doble de energía que todo Francia?

¿La IA nos está saliendo cara?

Seguro ya te acostumbraste a usar la inteligencia artificial para que te redacte un correo, te explique un tema complejo o simplemente para pasar el rato viendo qué imágenes loquísimas puede crear. Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué hay detrás del botón de ‘enviar’? En Tantita Tinta nos dimos a la tarea de investigar el verdadero costo de este juguete tecnológico y, la verdad, las cifras son para preocuparse.

Un reciente informe de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH) lanzó una advertencia que pone los pelos de punta: para el año 2030, la infraestructura de la IA podría consumir 945 teravatios-hora de electricidad. Para que te des una idea, eso es el doble de la energía que todo un país como Francia utiliza en un año. Y no solo es la luz, es el agua y el suelo lo que estamos comprometiendo.

No es el entrenamiento, es el uso diario

Aquí hay un dato que nos voló la cabeza: todos pensábamos que lo más caro era ‘entrenar’ a los modelos (como el famoso entrenamiento de GPT-4), pero resulta que el verdadero golpe al planeta viene de la inferencia. Es decir, de cuando tú y millones de personas le preguntan algo al chat cada cinco minutos. Según el reporte, este proceso diario representa entre el 80% y 90% del consumo total.

Hagamos las cuentas: cada día se procesan unos 2,500 millones de consultas en herramientas como ChatGPT. Esto equivale a unos 383 GWh anuales. Compensar el dióxido de carbono (CO2) que genera esta actividad requeriría plantar unos 2.6 millones de árboles y cuidarlos por más de diez años. ¡Una locura!

El costo ambiental va más allá del carbono

En Tantita Tinta queremos que no te dejes engañar. A veces, las soluciones ‘verdes’ para el carbono terminan siendo un desastre por otro lado. Por ejemplo, optar por bioenergía podría reducir las emisiones de CO2 en un 70%, pero dispararía el uso de agua en más de 30 veces y el espacio territorial necesario en 100 veces. Miriam Aczel, una de las investigadoras del informe, lo resume perfecto: a veces resolvemos un problema y creamos otro peor en lugares donde ni siquiera pidieron ayuda.

¿Quién paga el precio?

  • Huella hídrica: Para 2030, el agua que consumirá la IA podría cubrir las necesidades básicas de más de 1,300 millones de personas en África subsahariana.
  • Espacio físico: Los centros de datos ocuparían más de 14,500 kilómetros cuadrados, casi el doble del área metropolitana de Yakarta.
  • Geopolítica: Solo 32 países tienen la infraestructura necesaria, y el 90% está concentrado entre China y Estados Unidos, lo que desata una guerra feroz por minerales como el litio y el cobalto.

¿Hay esperanza o es el fin?

No se trata de dejar de usar la tecnología, porque sabemos que ha facilitado la vida de millones. Pero, como bien dice el rector de la UNU, Tshilidzi Marwala, esto ya no es un reto técnico, es un reto de gobernanza. Necesitamos que las empresas sean transparentes, que diseñen sistemas más eficientes y que nosotros, como usuarios, seamos conscientes de que cada clic tiene una huella física.

Para nosotros en Tantita Tinta, está claro: la IA es una herramienta increíble, pero no podemos dejar que se devore al planeta en el camino. La próxima vez que le pidas a la computadora que te haga una tarea pesada, recuerda: la nube no es magia, es infraestructura que necesita mucha, mucha energía.

Fuente: WIRED en Español


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