¿Suerte o estrategia? La historia de una empresa que no conoce colores políticos
En Tantita Tinta siempre nos preguntamos: ¿es posible que una empresa crezca exponencialmente sin importar quién se siente en la silla presidencial? Parece que la respuesta, al menos para Sixsigma Networks, es un rotundo sí. Esta firma tecnológica ha logrado lo que muy pocas: mantenerse vigente y, sobre todo, altamente rentable durante tres sexenios consecutivos.
De Calderón a la 4T: El crecimiento imparable
La historia de Sixsigma Networks no es la típica de una startup que empieza en una cochera y se pierde en el camino. Fundada por un empresario cercano al círculo de Andy (Andrés Manuel López Beltrán), la compañía ha navegado las turbulentas aguas de la administración pública mexicana con una habilidad envidiable. Según los datos recopilados por nuestro equipo, la cifra acumulada en contratos públicos es verdaderamente impresionante: estamos hablando de aproximadamente 33 mil millones de pesos.
Esta cantidad de dinero no solo llama la atención por lo exorbitante, sino por la consistencia. Ya fuera bajo el mandato de Felipe Calderón, la administración de Enrique Peña Nieto o el periodo de Andrés Manuel López Obrador, Sixsigma Networks supo hacerse de un lugar en las licitaciones y adjudicaciones directas. ¿Cómo lo hicieron? Esa es la gran interrogante que sigue generando debate en los pasillos de la política nacional.
¿Por qué importa esto en el México de hoy?
Para nosotros en Tantita Tinta, el tema central no es solo el dinero, sino la transparencia en el uso de los recursos de todos los mexicanos. Cuando una empresa logra amasar 33 mil millones de pesos en contratos de gobierno, es natural que surjan preguntas sobre el famoso “tráfico de influencias”. El hecho de que la fundación de la empresa esté vinculada a figuras cercanas al poder político alimenta las sospechas sobre si las reglas del juego son realmente parejas para todos los que buscan chamba con el sector público.
El impacto de estos contratos suele verse reflejado en la infraestructura digital del país, pero la opacidad en cómo se asignan estos proyectos deja un sabor amargo en la ciudadanía. Es un recordatorio de que, aunque los gobiernos cambian de ideología y de discurso, ciertos engranajes del sistema parecen estar aceitados con la misma receta de siempre.
- Los montos: 33 mil millones de pesos en tres administraciones.
- El alcance: Contratos que abarcan diversos rubros tecnológicos.
- La polémica: La cercanía entre fundadores y el círculo íntimo del poder.
¿Es esto simplemente eficiencia empresarial o estamos ante un caso claro de que, en la política mexicana, los amigos son el activo más valioso? La respuesta seguramente seguirá escondida entre expedientes y licitaciones que, a simple vista, parecen estar en regla, pero que al analizarlas dejan más dudas que certezas.
Fuente: El Universal