¿Progreso o destrucción? La pesadilla arqueológica en la frontera
En Tantita Tinta sabemos que las noticias sobre la frontera suelen enfocarse en el drama migratorio o el debate político, pero hay una historia mucho más profunda y dolorosa que está siendo enterrada bajo capas de concreto y acero. Mientras los reflectores se centran en lo mediático, la construcción del muro fronterizo en el oeste de Texas está pasando por encima de un tesoro histórico que, sencillamente, no tiene precio.
No se trata solo de mover tierra. En los terrenos privados de Texas, donde la infraestructura fronteriza ha comenzado a devorar el paisaje, se esconden algunos de los yacimientos arqueológicos más importantes de Norteamérica. Estamos hablando de arte rupestre de hasta 6,000 años de antigüedad y vestigios de civilizaciones indígenas que florecieron mucho antes de que se trazaran las líneas que hoy nos separan.
El costo de la obra
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha soltado contratos millonarios —hablamos de miles de millones de pesos— para levantar barreras que, aunque han sido modificadas tras la presión social (pasando de muros masivos a barreras vehiculares y carreteras), siguen siendo un peligro inminente. A lo largo de más de 800 kilómetros, el equipo de excavadoras ya comenzó a marcar su paso, pero las demandas judiciales lograron frenar, temporalmente, la destrucción total.
Para que te des una idea, el arqueólogo Bryon Schroeder, de la Universidad de Sul Ross, ha pasado dos años trabajando en el sitio llamado Canta Recio. Ahí, en cada 10 centímetros de sedimento, encuentra pedazos de cerámica, adobe y hasta conchas marinas que prueban que, hace mil años, esta región ya era un centro comercial conectado con lugares tan lejanos como Paquimé, en México. Si el muro se construye, gran parte de esta evidencia será borrada antes de que podamos siquiera terminar de estudiarla.
Bibliotecas de piedra en peligro
El caso de Painted Shelter es, quizás, el que más nos duele en Tantita Tinta. Se trata de un refugio de roca caliza con pinturas de hasta 6,000 años de antigüedad. Como explica la experta Carolyn Boyd, estas pinturas no son solo adornos; son verdaderas bibliotecas de conocimiento humano. ¿El riesgo? Que las vibraciones de la maquinaria pesada al construir el muro provoquen que la piedra se desmorone, dejando esas obras milenarias hechas trizas.
Lo más frustrante es la paradoja legal. La zona de Lower Pecos Canyonlands fue declarada Monumento Histórico Nacional en 2021, lo que en teoría debería protegerla. Sin embargo, el DHS se saltó las leyes de preservación histórica para priorizar la construcción. Como dice Patrick Zuberbueler, un ganadero cuya familia ha cuidado esas tierras desde 1898: “El rancho se reduce, la historia se pierde y están destruyendo nuestro medio de vida”.
¿Qué pasará con nuestro pasado?
La construcción no se detiene del todo. Los contratistas ya han entrado en terrenos privados, arrasando vegetación y sistemas de riego sin permiso legal definitivo. La lucha de los locales y arqueólogos es una carrera contra el reloj.
Para nosotros, es fundamental cuestionar este tipo de proyectos: ¿Vale la pena sacrificar 6,000 años de historia compartida por una barrera física? Mientras la discusión política sigue su curso, la pala mecánica avanza, y con cada metro que remueven, una parte de nuestra identidad antigua se pierde para siempre.
Fuente: WIRED en Español