¿Transparencia o puro discurso? La duda que rodea a la CNDH
En Tantita Tinta siempre hemos creído que la confianza pública no se gana con anuncios espectaculares, sino con datos duros y, sobre todo, abiertos. Sin embargo, parece que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) tiene otros datos, o al menos, una forma muy creativa de interpretarlos.
Recientemente, el organismo ha inundado sus campañas oficiales con una cifra que llama la atención: un supuesto 71% de aprobación ciudadana durante este 2025. Pero, aquí es donde empieza el drama. A pesar de la insistencia de diversos sectores y ciudadanos, la comisión se ha negado rotundamente a transparentar o publicar la encuesta que respalda dicho porcentaje.
La opacidad detrás de las cifras
Para nosotros, el ejercicio del poder público debe venir acompañado de una rendición de cuentas impecable. ¿Cómo podemos medir el éxito de una institución encargada de defender los derechos fundamentales si no podemos ver cómo se construyen sus métricas? La falta de acceso a esta información no solo genera desconfianza, sino que abre la puerta a un sinfín de especulaciones sobre la legitimidad de sus operaciones.
Expertos en la materia han alzado la voz, señalando que presumir altos índices de aprobación sin pruebas documentales es, en el mejor de los casos, un ejercicio de vanidad institucional y, en el peor, una maniobra de comunicación política para ocultar una realidad distinta en el trato con las víctimas.
Más allá del 71%: ¿Qué pasa realmente con las víctimas?
Lo que realmente nos preocupa en Tantita Tinta no es solo el número, sino la desconexión que esto sugiere. Las organizaciones de la sociedad civil han criticado duramente la actuación de la CNDH, especialmente en temas sensibles donde los ciudadanos buscan apoyo ante violaciones a sus derechos. Si la institución realmente contara con ese nivel de respaldo, ¿por qué esconder la evidencia que lo sostiene?
- La falta de metodología: Sin acceso a la muestra, el cuestionario o la fecha de levantamiento, la cifra de 71% carece de valor estadístico.
- El impacto en la confianza: Cada vez que una institución pública oculta datos, se debilita el tejido social.
- La respuesta de los expertos: Analistas coinciden en que la estrategia actual parece más enfocada en la imagen que en la eficacia operativa.
Si hiciéramos un ejercicio de conversión, es como si una empresa intentara vendernos un producto presumiendo ventas millonarias sin mostrar una sola factura. En términos financieros, una empresa que esconde sus números suele estar en problemas; en términos de derechos humanos, el costo social es mucho más alto que un simple error de contabilidad.
Mientras la CNDH siga apostando por el hermetismo, el escepticismo seguirá creciendo. La transparencia no es un favor que la autoridad le hace a la gente, es una obligación ineludible. En Tantita Tinta estaremos pendientes de si, finalmente, deciden abrir sus archivos o si este 71% pasará a la historia como uno de los secretos mejor guardados —y peor explicados— del gobierno actual.
Fuente: El Universal