La lucha por la verdad no debe costar la seguridad de nadie
En Tantita Tinta siempre hemos mantenido la convicción de que el derecho a la protesta es el termómetro de una sociedad democrática. Sin embargo, cuando se trata de quienes han dedicado su vida —y lo que les queda de ella— a encontrar a sus seres queridos, la situación cobra una urgencia y una gravedad que no podemos ignorar. Recientemente, Amnistía Internacional lanzó un llamado urgente para documentar posibles violaciones a los derechos humanos ocurridas durante las movilizaciones de las madres buscadoras en México.
¿Por qué la preocupación internacional?
La organización ha expresado una profunda inquietud ante el trato que han recibido los colectivos de búsqueda. Lejos de ser recibidas con el respaldo que una crisis de desapariciones como la nuestra demanda, estas mujeres a menudo se enfrentan a un muro de silencio, y lo que es peor, a situaciones de intimidación o violencia física cuando deciden alzar la voz en las calles. Para Amnistía, esto no es solo un incidente aislado, sino un patrón que el Estado está obligado a frenar.
En Tantita Tinta analizamos que, cuando el Estado no garantiza un entorno seguro para la protesta, envía un mensaje peligroso: que la verdad es incómoda y que quienes la buscan son una amenaza. Pero, ¿desde cuándo buscar a un hijo es un acto subversivo?
El llamado a no bajar la guardia
El punto central de la petición de Amnistía Internacional es claro: es necesario registrar, documentar y denunciar cada acto de represión o intimidación. Esto no es solo para el archivo histórico, sino para evitar que la impunidad se normalice. La organización recordó que, bajo los estándares internacionales, el Estado no solo tiene la obligación de tolerar la protesta, sino de proteger activamente a quienes la ejercen.
- Documentación minuciosa: Se insta a los colectivos a grabar y reportar cualquier abuso.
- Protección del Estado: La exigencia de que se garantice la integridad física en cada marcha.
- Derecho humano fundamental: Recordar que exigir justicia no es un favor, es un derecho.
Lo que sigue: Un camino empinado
La realidad es que el camino hacia la justicia en nuestro país sigue siendo un recorrido lleno de obstáculos. Ya sea que hablemos de recursos destinados a comisiones de búsqueda o de la capacidad operativa para el rastreo de personas en terrenos difíciles (a veces recorriendo cientos de kilómetros bajo un sol abrasador de más de 35 grados Celsius), las madres buscadoras siguen demostrando una resiliencia que pone en evidencia las carencias institucionales.
Desde nuestra trinchera en Tantita Tinta, nos sumamos a la voz de quienes exigen que, al menos, la dignidad sea el piso mínimo de trato. La búsqueda no debe realizarse bajo el miedo a represalias. La democracia, si algo debe proteger, es precisamente a quienes se atreven a cuestionar el vacío que dejan los desaparecidos.
Fuente: El Universal