El gesto que cimbró a la Suprema Corte: ¿Por qué la ministra Loretta Ortiz se quitó su implante auditivo?

Un momento para la historia en la SCJN

En Tantita Tinta siempre nos gusta observar los detalles detrás de las grandes decisiones. Lo que ocurrió recientemente en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) no fue solo un debate legal, sino un acto de empatía y congruencia que nos dejó a todos pensando. La ministra Loretta Ortiz Ahlf, en un gesto que rompió el protocolo habitual, decidió quitarse su prótesis auditiva durante la discusión de una ley que afectaba directamente a las personas con discapacidad en Tamaulipas.

¿Qué fue lo que pasó en la sesión?

La discusión giraba en torno a una ley local de Tamaulipas que buscaba reservar al menos el 3% de las plazas de empleo público para personas con discapacidad. Suena bien en papel, ¿cierto? El problema, y aquí es donde el equipo de Tantita Tinta pone el ojo, es que los legisladores tamaulipecos redactaron y aprobaron esta normativa sin consultar a las personas involucradas. Es decir, hicieron leyes para ellos, pero sin ellos.

Para dejar claro que la inclusión no se trata de otorgar migajas, sino de participación real, la ministra Ortiz —quien utiliza un implante auditivo desde que nació— se retiró el dispositivo en plena sesión. El mensaje fue contundente: quien no vive la realidad de una discapacidad, difícilmente puede legislar sobre ella con justicia.

El efecto de este “despojo” voluntario

El Pleno de la SCJN tomó una decisión clave: invalidar las disposiciones de la ley de Tamaulipas por la falta de consulta previa. Ahora, el Congreso local tiene un plazo de 12 meses para ponerse las pilas, hacer la tarea correctamente y convocar a las personas con discapacidad para construir una legislación que realmente les funcione.

La controversia detrás del discurso

Como suele pasar en el mundo digital, las redes sociales tomaron un pequeño clip y lo descontextualizaron. Se viralizó un fragmento donde la ministra menciona que “una persona sordomuda no tiene futuro y va a ser una carga fiscal”. ¡Ojo aquí! Es fundamental entender que esta frase era parte de una crítica más amplia. La ministra estaba exponiendo, precisamente, la visión estigmatizante que tiene el sistema hacia las personas con discapacidad cuando se les excluye y se les niegan sus derechos básicos. Era una advertencia sobre el peligro de ignorar a este sector, no una postura personal.

¿Por qué nos importa esto en Tantita Tinta?

Más allá de lo legal, este caso nos recuerda que la empatía en la vida pública mexicana todavía tiene mucho camino por recorrer. Cuando hablamos de inclusión, no estamos hablando de números (ese famoso 3% de plazas), sino de dignidad humana. La ministra Loretta Ortiz nos dio una lección de que, para defender a alguien, a veces hay que despojarse de lo que nos hace “normales” ante los ojos del sistema y mostrar la vulnerabilidad como una herramienta de lucha.

Nosotros, como ciudadanos, debemos exigir que las consultas no sean un mero trámite administrativo, sino un proceso donde las voces de todos los mexicanos, sin importar su condición, sean escuchadas y validadas.

Fuente: Sopitas Cosas


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