¿El fin del rochismo en Sinaloa? La duda que sigue en el aire para la presidencia

¿Qué pasa realmente en Sinaloa?

En Tantita Tinta sabemos que el panorama político en nuestro país es, por decir lo menos, un terreno complejo. Recientemente, el nombre de Rubén Rocha Moya ha estado en el centro de todas las conversaciones, generando una estela de incertidumbre que parece no tener fin. La pregunta que muchos se hacen —y que nosotros mismos nos hemos planteado en la redacción— es si el cambio de estafeta en el gobierno federal será suficiente para transformar la realidad de una entidad que atraviesa momentos críticos.

La continuidad frente al cambio

La presidenta Claudia Sheinbaum ha asumido las riendas del país con una agenda cargada de promesas, pero Sinaloa se ha convertido en una piedra en el zapato. La crítica central, señalada por analistas y voces en el espacio público, recae en la aparente incapacidad —o falta de voluntad política— para romper con la continuidad del llamado ‘rochismo’. ¿Es posible transformar el estado si las estructuras de poder se mantienen intactas?

Para nosotros en Tantita Tinta, este fenómeno no es menor. Cuando hablamos de gobernabilidad, no solo nos referimos a la administración de presupuestos, que se cuentan por miles de millones de pesos, sino a la confianza que la ciudadanía deposita en sus instituciones. La permanencia de ciertas figuras políticas sugiere que, aunque cambien los colores en las boletas, las prácticas en la entidad parecen resistirse al cambio profundo que gran parte de la población demanda.

Las consecuencias de la inacción

El costo de mantener el statu quo en Sinaloa tiene repercusiones tangibles que van mucho más allá de la política de café:

  • Desconfianza ciudadana: La percepción de que no hay un verdadero cambio aleja a los jóvenes y a la sociedad civil de los procesos democráticos.
  • Crisis de seguridad: El estado ha sido escenario de episodios violentos que requieren, más que nunca, una estrategia fresca y ajena a los vicios del pasado.
  • Inversión frenada: Nadie quiere meterle dinero a una entidad donde la certidumbre jurídica es, en el mejor de los casos, borrosa.

Si bien es cierto que entregar la responsabilidad de la administración estatal es un paso, la verdadera pregunta es quién está vigilando el cómo. La falta de un golpe de timón por parte del gobierno federal podría interpretarse como una señal de que el sistema sigue premiando la lealtad por encima de la eficacia o la rendición de cuentas.

¿Hacia dónde va Sinaloa?

Desde la perspectiva de Tantita Tinta, el desafío no es menor. Sinaloa no es solo un mapa con municipios; es una tierra con historia, economía potente y gente que merece mejores condiciones. El drama político que estamos viviendo hoy es solo una parte de la historia. Lo que realmente importa es si en los próximos meses veremos una verdadera limpieza de procesos o si, simplemente, estaremos viendo el mismo guion con distintos actores.

Estaremos muy pendientes de cómo se mueven las piezas en este tablero político. Por lo pronto, el mensaje para la administración federal es claro: la paciencia de la ciudadanía no es infinita y los resultados, más que las promesas, serán los que definan este sexenio.

Fuente: El Universal


Deja un comentario