¿La quinta es la vencida? Pixar se arriesga con una historia que nos obliga a dejar la nostalgia en la recámara
Cuando vimos el final de Toy Story 3, todos soltamos la lagrimita pensando que el ciclo se había cerrado con broche de oro. Luego llegó la cuarta parte y, siendo honestos, la opinión se dividió: unos amaron el cierre emocional y otros sentimos que fue como recalentar la comida que ya estaba deliciosa. Sin embargo, en Tantita Tinta nos hemos llevado una sorpresa monumental. Toy Story 5 ha llegado no solo para reivindicarse, sino para sacudirnos el tapete con una propuesta valiente.
Dejando a Woody y Buzz en el asiento del copiloto
Lo más fácil para el estudio hubiera sido seguir explotando la fórmula de siempre: Woody y Buzz en una aventura llena de persecuciones. Pero no. En esta entrega, la narrativa da un giro de 180 grados y pone los reflectores sobre Jessie, la vaquera que, seamos sinceros, había estado en el olvido desde la segunda parte.
Aquí, el drama ya no es sobre cómo escapar de un vecino malvado o encontrar a un dueño perdido; el foco es el crecimiento personal y el impacto emocional de los juguetes en las distintas etapas de la vida humana. Buzz y Woody aparecen, claro, pero funcionan más como un alivio cómico que como los ejes de la trama. Es un riesgo que se siente fresco y, sobre todo, necesario.
Tecnología vs. Nostalgia: ¿Quién gana?
Uno de los puntos que más ruido ha causado es la introducción de la tecnología en el mundo de Bonnie, representada por ‘Lilypad’, una tablet que intenta sustituir la diversión tradicional. En Tantita Tinta creemos que aquí hay una de cal por una de arena:
- El acierto: La evolución de Lily como personaje es impecable. Logran que no se sienta como una villana plana, sino como una herramienta que no entiende su propia complejidad.
- El tropezón: A veces, la película cae en la obviedad. Escuchar diálogos tipo “este es el fin de la era de los juguetes” se siente un poco forzado y hasta anticuado, como si quisieran darnos una lección de moral en lugar de contarnos una historia fluida.
¿Vale la pena el boleto?
Si comparamos los costos, aunque las entradas al cine en México rondan los 120 pesos, esta película es una experiencia visual que vale cada centavo. La animación de los nuevos personajes, como ‘Buen Rollito’ —una pieza que nos regaló secuencias visuales de otro nivel—, demuestra que el equipo creativo aún tiene mucha chispa.
Toy Story 5 no es perfecta; tiene momentos de relleno con los Buzz Lightyears que, francamente, no aportan mucho. Pero donde sí brilla es en la madurez de Bonnie. Es un personaje más redondo, más humano y, seamos realistas, mucho más interesante que el Andy que nos acompañó durante décadas.
Al final, esta película nos enseña que, al igual que los juguetes, nosotros también cambiamos. Y si como Woody, empiezas a notar que necesitas un retoque de color en el pelo, esta película te va a pegar donde más duele: en el corazón, pero de una manera que te hace sonreír.
Fuente: Espinof