¡Inmersión, inmersión! El día que Spielberg quiso conquistar nuestro apetito
En Tantita Tinta sabemos que hasta a los genios se les va la onda. Steven Spielberg, el hombre que nos hizo creer en extraterrestres, tiburones y dinosaurios, también tuvo su momento de delirio comercial en los años 90. ¿Su gran pecado? No fue una mala película, sino Dive!, una cadena de restaurantes temáticos que prometía una experiencia culinaria bajo el mar y terminó siendo recordada como un auténtico caos.
Del cine a la cocina: Un plan que no flotó
A mediados de los 90, la fiebre por los restaurantes temáticos estaba en su punto más alto. Mientras otros famosos abrían locales inspirados en el cine, Spielberg y su socio Jeffrey Katzenberg decidieron irse por lo profundo. Con una inversión de 7 millones de dólares (unos 140 millones de pesos mexicanos de aquel entonces), nació Dive!. El concepto era simple pero excéntrico: un restaurante con forma de submarino donde los comensales se sentaban en torpedos y miraban a través de periscopios.
La ambición era monumental: planeaban abrir 60 locales en todo el mundo. ¿El resultado? Solo sobrevivieron tres: Los Ángeles, Las Vegas y, para nuestra sorpresa, uno en Barcelona, en el centro comercial Maremagnum.
¿Por qué terminó siendo un desastre?
Si alguna vez te preguntaste qué se sentía comer en un lugar que simulaba un terremoto constante, este era tu sitio. Cada 45 minutos, el local entraba en modo “emergencia”: las luces parpadeaban, el lugar vibraba y escuchabas alarmas de inmersión mientras intentabas disfrutar de un sándwich. La crítica, siempre implacable, fue lapidaria: la guía Zagat lo describió como “comer dentro de una máquina de pinball”. Básicamente, el exceso de ruido y movimiento arruinaba cualquier intento de tener una plática tranquila.
El menú, aunque limitado, tampoco ayudaba. El platillo estrella era un sándwich estilo submarino, similar a los de cualquier cadena de comida rápida, pero a precios elevados. Un sándwich de champiñones, pollo y queso costaba cerca de 10 dólares en los 90, lo que hoy equivaldría a unos 420 pesos mexicanos. ¡Una ganga si querías pagar por el drama de las turbulencias!
El saldo final: Un naufragio financiero
El local de Barcelona, inaugurado en 1996, bajó sus cortinas apenas dos años después. Para el año 2000, los tres submarinos de Spielberg ya eran historia. Fue un golpe de realidad para el cineasta: ni siquiera ser el ‘Rey Midas’ de Hollywood te salva de un mal modelo de negocio.
Lo curioso es que, a pesar de que la comida no era nada del otro mundo, el 40% de sus ingresos venía de la tienda de regalos. Los clientes preferían comprar recuerdos y salir huyendo antes que soportar otra ronda de sonidos de sonar mientras masticaban. Hoy, Spielberg se mantiene alejado de las inversiones gastronómicas estrambóticas, dejando el legado familiar en manos de The Milky Way, un restaurante kosher en Los Ángeles mucho más tranquilo y, por fortuna, sin periscopios que se muevan cada media hora.
Fuente: Espinof