Un punto clave en el mapa global está conteniendo el aliento
Si alguna vez has sentido que tu vida es un caos, espera a ver lo que está pasando en el Estrecho de Ormuz. Esta pequeña franja de agua, que usualmente es una autopista frenética para los barcos que mueven la energía del mundo, ha quedado prácticamente en silencio. En Tantita Tinta, nos dimos a la tarea de analizar este nudo crítico que hoy tiene a los mercados internacionales al borde de un ataque de nervios tras el recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán.
¿Por qué se detuvo el tráfico?
La respuesta corta es el miedo, y la larga, una serie de ataques que han roto la ya de por sí frágil tregua entre ambos países. Tras los bombardeos estadounidenses contra Irán por segundo día consecutivo, la actividad marítima en la zona se desplomó. Los datos de seguimiento de barcos son claros: el corredor omaní, que contaba con el respaldo de Estados Unidos, está desierto, mientras que solo unos pocos valientes —o aquellos bajo protección específica— se arriesgan a navegar por la ruta del norte, controlada por Irán.
Para que te des una idea del impacto: hace apenas unas semanas, cuando el ambiente estaba más relajado, veíamos un promedio de 34 barcos diarios cruzando el estrecho, llegando a picos de hasta 59 embarcaciones a finales de junio. Hoy, la cifra es apenas una sombra de lo que era, cayendo a niveles comparables con los días más oscuros de la guerra.
El fenómeno de los “barcos fantasma”
Aquí es donde el drama se pone técnico. Para evitar ser detectados y convertirse en un blanco fácil, varios buques han optado por apagar sus transpondedores —esa pieza de tecnología que dice ‘aquí estoy’ a los radares—. Es lo que en la industria llaman navegación ‘en la oscuridad’.
Hemos visto superpetroleros y graneleros que simplemente desaparecen del radar frente a las costas de Omán y aparecen horas después, del otro lado del golfo. Esta práctica de esconderse se ha vuelto el nuevo estándar para no terminar siendo parte de las estadísticas de incidentes. Además, han vuelto las interferencias electrónicas, lo que nos hace pensar que varios países están activando sus sistemas de defensa para evitar ataques de drones, algo que puede hacer que las señales de GPS de los barcos se vuelvan locas.
¿Qué nos espera ahora?
La situación es volátil. Con la cancelación del alto al fuego por parte de la administración estadounidense, la pregunta que nos hacemos en Tantita Tinta es cuánto tiempo podrá el mundo aguantar esta parálisis sin que los costos energéticos se disparen.
- Menos carga, más riesgo: El tránsito de gas natural licuado está totalmente congelado.
- Velocidades sospechosas: Se han registrado barcos navegando a más de 55 kilómetros por hora, una señal clara de que intentan cruzar la zona de peligro lo más rápido posible.
- Incertidumbre total: La falta de información fiable sobre los barcos que navegan “apagados” hace que el mercado de energía sea ahora mismo una apuesta muy arriesgada.
En el equipo de Tantita Tinta seguiremos monitoreando esta crisis, porque aunque Ormuz parezca estar lejos, las consecuencias de que los barcos no crucen llegan directo a nuestra economía y a la forma en que el mundo se mueve. Por ahora, lo único seguro es que el Estrecho de Ormuz, el corazón energético del planeta, está palpitando a un ritmo peligrosamente lento.
Fuente: Bloomberg Tecnologia