El día que Toshio Suzuki le puso un alto a Hayao Miyazaki: ¿Por qué no tuvimos ‘Ponyo 2’?

¿Alguna vez te imaginaste una continuación para Ponyo?

Si eres fanático del trabajo de Studio Ghibli, sabes que ver una secuela en su catálogo es casi como encontrar un trébol de cuatro hojas. Es un terreno inexplorado donde, históricamente, el estudio ha preferido dejar las historias cerradas y perfectas, tal como las entregaron. Sin embargo, en Tantita Tinta hoy te traemos un chisme de pasillo que pudo haber cambiado todo: Hayao Miyazaki, el genio detrás de obras maestras, sí quiso hacer una segunda parte de una de sus películas más tiernas.

El obstáculo que no vio venir

Hablamos de Ponyo en el acantilado, esa joya visual que nos regaló una historia de amor infantil tan pura que nos derretía el corazón. Tras el éxito de la cinta, Miyazaki se quedó con ganas de más. Se divertía tanto con los personajes de Ponyo y Sosuke que puso sobre la mesa la idea de una secuela. Pero, para sorpresa de muchos, no todo lo que pide el maestro se vuelve realidad.

Aunque Miyazaki tiene una autoridad creativa envidiable, dentro de la estructura de Ghibli existe una figura clave: Toshio Suzuki, su productor de toda la vida. La relación entre ambos es legendaria, pero Suzuki tiene la última palabra cuando se trata de evaluar la viabilidad de un proyecto. En una entrevista de 2016, Suzuki fue contundente: “Quería hacer ‘Ponyo 2’, pero yo no quería verla”. Así de sencillo, el productor decidió que la historia de la pequeña sirena no necesitaba ser estirada como chicle.

¿Por qué Ghibli le teme a las secuelas?

En Tantita Tinta analizamos por qué esta negativa fue, probablemente, lo mejor que le pudo pasar a nuestra nostalgia. En la industria actual, donde un éxito de taquilla suele traducirse automáticamente en una saga que recauda millones de dólares (a veces sacrificando la calidad), Ghibli se mantiene como un oasis de integridad.

Considerando que una película de este calibre podría costar unos 600 millones de pesos mexicanos —o incluso más, ajustado a la inflación actual—, arriesgar el prestigio de una obra maestra es una decisión de negocios y de arte sumamente pesada. Suzuki sabía que, aunque el dinero llegara, el alma de la historia corría el riesgo de diluirse.

¿Qué sigue para el maestro?

Lejos de frustrarse, Miyazaki canalizó esa energía en proyectos con una madurez impresionante. Después de Ponyo, nos entregó El viento se levanta, una biografía con toques fantásticos que nos mostró una faceta distinta del director. Y ni qué decir de El chico y la garza, con la que salió de su retiro una vez más para demostrarnos que su imaginación no tiene límites.

Ahora, el rumor que recorre los pasillos de la industria es que Miyazaki podría estar trabajando en una secuela, o al menos un regreso, al universo de Nausicaä del Valle del Viento. ¿Será que esta vez Suzuki sí estará de acuerdo? Solo el tiempo lo dirá, pero por ahora, nos quedamos con el consuelo de que las decisiones en Studio Ghibli se toman pensando en el arte, no solo en la taquilla.

Para nosotros en Tantita Tinta, que Miyazaki se mantenga fiel a su criterio y al de sus colaboradores más cercanos es la razón por la que, décadas después, seguimos regresando a sus películas como si fuera la primera vez.

Fuente: Espinof


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