El descalabro de Bungie y Sony: cuando la ambición de los ‘juegos como servicio’ salió carísima

El sueño que terminó en pesadilla corporativa

En Tantita Tinta siempre hemos dicho que la industria de los videojuegos es tan apasionante como impredecible. Sin embargo, lo que está pasando con la unión entre Sony y Bungie parece haber superado cualquier guion de terror corporativo. ¿Recuerdan cuando se anunció la compra por la friolera de 3,600 millones de dólares (unos 72,000 millones de pesos mexicanos)? Pues bien, lo que pintaba para ser la joya de la corona en la estrategia de los ‘juegos como servicio’ se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza.

De la ilusión a la cancelación: el recuento de los daños

Recientemente salieron a la luz detalles que nos hacen preguntarnos: ¿qué salió mal? Según reportes especializados, cuando la adquisición se hizo oficial, Bungie tenía entre manos una media docena de proyectos secretos. Sí, leíste bien: cinco o seis juegos que estaban destinados a apuntalar el futuro de PlayStation. Pero, como dice el dicho, “del plato a la boca se cae la sopa”.

La gran mayoría de esos proyectos simplemente se esfumaron. Entre despidos, cambios de rumbo estratégicos y el fracaso de títulos que no lograron conectar con el público, nos quedamos con un hueco enorme en el calendario de lanzamientos de Sony.

¿Qué fue lo que pasó en los pasillos de Bungie?

Para nosotros en Tantita Tinta, el problema parece ser una mezcla de falta de dirección y una apuesta arriesgada por un modelo que ya empieza a mostrar grietas: los juegos como servicio (GAAS). Entre los proyectos que no sobrevivieron a la purga encontramos:

  • Project Gummy Bears y Project Sunspot: Nombres clave que, lamentablemente, nunca verán la luz.
  • Spin-offs de Destiny: La franquicia estelar tenía planes de expansión que se cancelaron desde 2023.
  • Project Payback: Un shooter que buscaba competir con los grandes del género, pero que fue sacrificado en 2024.

El impacto no es solo creativo, es financiero. Sony confió en la capacidad de Bungie para gestionar este tipo de experiencias, pero la realidad terminó siendo un golpe de realidad de unos 72,000 millones de pesos que, por ahora, no parece estar dando los frutos esperados.

¿El fin de una era?

No podemos ignorar que, mientras todo esto ocurría, juegos como Destiny 2 han navegado en aguas turbulentas. ¿Estamos ante un cambio de paradigma? Es posible que los estudios estén aprendiendo, a la mala, que no todo se puede convertir en un servicio infinito que te quite horas de tu vida y dinero de tu cartera. Sony tiene ahora la difícil tarea de recomponer el camino, aunque el costo de la lección haya sido, por decir lo menos, escandaloso.

En Tantita Tinta estaremos al pendiente de cómo reacciona la industria ante este tropiezo. Porque, al final del día, los que más extrañamos los buenos juegos somos los jugadores.

Fuente: VidaExtra


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