La fiebre de la inteligencia artificial tiene un precio que el planeta está pagando muy caro.
En Tantita Tinta nos hemos dado a la tarea de analizar un fenómeno que nos pone a pensar: mientras todos estamos emocionados probando el nuevo chatbot de moda o automatizando nuestras tareas con herramientas de IA, el gigante Microsoft ha revelado un dato que no deja a nadie indiferente. Según su último informe de sostenibilidad, sus emisiones de gases de efecto invernadero aumentaron un alarmante 25% durante 2025.
¿La causa principal? La construcción frenética de centros de datos. No es un secreto que la IA, esa tecnología que promete salvarnos la vida, requiere una capacidad de cómputo masiva, y cada chip encendido consume una cantidad de energía que haría que tu recibo de luz pareciera un chiste.
No es solo Microsoft: El drama es colectivo
No pensemos que es un problema aislado de los de Redmond. En Tantita Tinta notamos que esta tendencia es un patrón que se repite en todo el sector tecnológico. Google reportó un aumento del 18% y Amazon no se queda atrás, con un 16% más de emisiones en su historial reciente. La carrera por dominar la inteligencia artificial ha dejado en segundo plano las metas de ser ‘cero emisiones’ que estas empresas tanto presumieron hace un par de años.
El meollo del asunto son las emisiones de Alcance 2, aquellas derivadas de la energía que las compañías compran para operar. En el caso de Microsoft, estas representaron el 13% de su huella total. Aunque la empresa asegura que compensó su consumo con fuentes libres de carbono, la realidad es que la expansión de su infraestructura de datos es tan veloz que alcanzar sus metas climáticas para 2030 parece, hoy por hoy, un objetivo cuesta arriba.
El dilema de los combustibles fósiles
Lo que más ruido hace es cómo están alimentando estos centros. Para darnos una idea de la magnitud, Microsoft ha firmado acuerdos en lugares como Texas donde, literalmente, están apostando por plantas de energía que emitirían más de 11.5 millones de toneladas de CO2 al año. Para ponerlo en perspectiva, eso es más de lo que emite todo el estado de Rhode Island en el mismo periodo. Estamos hablando de una cifra que, en términos de impacto ambiental, es simplemente descomunal.
Además, existe la polémica por el llamado greenwashing o ecoblanqueo. Microsoft ha decidido dejar de comprar certificados de energía renovable que no estaban vinculados a proyectos reales. Aunque suena a un paso hacia atrás en las estadísticas, expertos como Danny Cullenward de la Universidad de Pensilvania aplauden la medida: “Es mejor priorizar inversiones en electricidad limpia nueva que hacer transacciones en papel que no sirven de nada en el mundo real”.
¿Vale la pena el precio a pagar?
En Tantita Tinta nos preguntamos: ¿es sostenible seguir creciendo a este ritmo? La IA es una herramienta potente, pero los trabajadores de estas industrias y el público en general empiezan a cuestionar si el costo ambiental es un precio justo por tener respuestas automáticas más rápidas.
Por ahora, la postura oficial de la compañía es clara: la IA es una prioridad, pero también lo es la responsabilidad social. Sin embargo, con planes de construir instalaciones que consumirán cantidades ingentes de agua y energía, la presión sobre Microsoft para que realmente cumpla con su palabra será cada vez más pesada.
La tecnología es fascinante, pero no podemos ignorar que los centros de datos no operan por arte de magia; operan con energía, mucha de la cual, hoy en día, sigue dejando una huella de carbono muy difícil de borrar.
Fuente: WIRED en Español