Un ataque sin precedentes en Celaya
En Tantita Tinta siempre buscamos dar voz a quienes enfrentan situaciones que nos marcan como sociedad. Recientemente, el municipio de Celaya, Guanajuato, fue escenario de un evento aterrador: Sandra Córdova, una joven que simplemente caminaba por un parque en compañía de su novio, fue víctima de un ataque directo con ácido. Lo que parecía una tarde común se convirtió en una pesadilla que ha dejado a la comunidad en shock.
La agresión fue tan fría como incomprensible. Según los reportes, una mujer se acercó a la pareja, soltó un cínico “Feliz Halloween” y, sin más, arrojó el contenido de una botella sobre Sandra. El químico alcanzó gran parte de su cuerpo: rostro, cabeza, hombros, espalda, brazos y pies. Incluso, debido a la violencia del impacto, Sandra inhaló y posiblemente ingirió parte de la sustancia.
¿Qué sigue en la investigación?
La agresora, vestida con una sudadera y cubrebocas para ocultar su identidad, huyó corriendo hacia una avenida principal, tal como lo registraron las cámaras de vigilancia. Aunque Sandra se encuentra fuera de peligro tras días críticos de tratamiento médico especializado, la incertidumbre es el sentimiento que domina a su familia. En el equipo de Tantita Tinta nos preguntamos: ¿dónde están los responsables? A la fecha, la Fiscalía General del Estado de Guanajuato no ha dado a conocer detenciones ni nombres concretos, dejando a la familia de la joven en una espera angustiante.
¿Por qué la “Ley Malena” es nuestra mayor aliada?
El caso de Sandra nos recuerda tristemente que la violencia ácida no es un hecho aislado en México. Esta forma de agresión, diseñada para marcar a la víctima de por vida, ha llevado a la creación de la llamada Ley Malena, en honor a la saxofonista María Elena Ríos.
Recordemos que en 2019, Malena fue víctima de una agresión brutal con ácido sulfúrico (más de 2 litros sobre su piel) orquestada por su ex pareja. Aquel evento, que causó quemaduras en el 80% de su cuerpo, desató una lucha legal que hoy protege a muchas mujeres. En estados como Puebla, esta ley ya tipifica la violencia ácida como tentativa de feminicidio, con penas que van de los 25 a los 40 años de prisión. Es imperativo que la justicia no sea ciega ante estos casos.
La cruda realidad de la violencia de género
Para nosotros en Tantita Tinta, es crucial visibilizar que este no es solo un problema de “seguridad”, sino un problema estructural. Cuando alguien lanza ácido, el objetivo no es solo herir, es borrar la identidad y destruir la vida social y física de la mujer. La recuperación, que implica múltiples cirugías y procesos de salud mental, es una carga económica y emocional inmensa que no debería ser enfrentada en soledad.
Seguiremos al pendiente de lo que ocurra en Celaya. La justicia para Sandra no solo es necesaria; es el mensaje que debe enviarse para que este tipo de ataques se detengan de una vez por todas. La seguridad en nuestros espacios públicos debe ser una realidad, no un lujo.
Fuente: Milenio