El barrio que el tiempo olvidó: La oscura y fascinante historia de La Romita

Un pueblo atrapado en el corazón de la gran urbe

Si alguna vez has caminado por la Roma Norte, rodeado de cafeterías de especialidad, edificios hípsters y ese ambiente moderno que tanto caracteriza a la zona, es muy probable que hayas pasado frente a un portal al pasado sin darte cuenta. En Tantita Tinta nos dimos a la tarea de investigar sobre La Romita, ese pequeño rincón que, a diferencia de sus alrededores, parece haberse negado a dejar atrás sus raíces prehispánicas y su aura de misterio.

No, no es un simple barrio pintoresco. La Romita es un sobreviviente. Mientras la colonia Roma crecía con sus mansiones afrancesadas a principios del siglo XX, este barrio mantenía su traza de pueblo, sus callejones laberínticos y una identidad que hoy, afortunadamente, sigue resistiendo los embates de la gentrificación.

Del esplendor indígena al estigma del “Señor del Buen Ahorcado”

Originalmente conocido como Aztacalco (que significa “casa de las garzas”), este lugar nació en un islote cercano a Tenochtitlan. Tras la llegada de los españoles, se convirtió en un refugio para la comunidad indígena. Pero no te dejes engañar por su nombre poético; el barrio tuvo una fama bastante ruda durante la época colonial.

¿Sabías que aquí existió una tradición macabra? Se dice que a los reos los colgaban de los ahuehuetes que rodeaban la antigua capilla de Santa María de la Natividad Aztacalco, construida cerca de 1530. El espectáculo era tan cotidiano que la iglesia se ganó el apodo del “Señor del Buen Ahorcado”. Imagina la escena: música, gritos y el ambiente pesado de una época donde la justicia se impartía bajo los árboles, frente a la mirada de los vecinos.

Cine, fantasmas y la realidad cruda

La Romita no solo es historia, es cultura pop de la cruda. Luis Buñuel eligió sus rincones para filmar la emblemática Los Olvidados en 1950. La elección no fue casualidad; el barrio conservaba ese aspecto marginal y profundo que la película necesitaba para retratar la pobreza de la Ciudad de México. De hecho, el impacto fue tal que muchos quisieron expulsar al cineasta del país por mostrar una realidad que pocos querían admitir.

Además, para quienes gustan de las historias de miedo, los vecinos aseguran que por las noches se escuchan susurros de aquellos “huehuenches” (como llamaban a los criminales) o incluso apariciones de sombras que parecen guardianes de un pasado que no termina de irse. Si te sientes valiente, date una vuelta por su plaza central y observa cómo el silencio cambia radicalmente en cuanto cruzas los límites del barrio.

¿Por qué visitar La Romita hoy?

Para nosotros en Tantita Tinta, visitar La Romita es una invitación a la reflexión. Ubicado a unos pasos de la Avenida Cuauhtémoc, el barrio está rodeado por las calles de Puebla, Morelia y Durango. Es el contraste perfecto: a pocos metros puedes estar en una zona que hoy tiene un valor inmobiliario altísimo, con propiedades que fácilmente superan los 8 o 10 millones de pesos, para después entrar a un sitio donde las banquetas son estrechas y la vida comunitaria sigue siendo la protagonista.

  • La capilla: Es una de las más antiguas de la CDMX y el corazón espiritual del barrio.
  • Los callejones: Ideales para una caminata fotográfica donde la luz se cuela entre las paredes antiguas.
  • La historia viva: Es un lugar donde aún puedes sentir la vibra de lo que fue el México de hace siglos.

La Romita nos recuerda que la Ciudad de México es un palimpsesto: una capa sobre otra donde lo nuevo nunca logra borrar del todo lo viejo. Así que, la próxima vez que andes por la Roma, desvíate un poco, respira el aire de este pueblo atrapado en la modernidad y déjate envolver por sus secretos.

Fuente: Sopitas Geek


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