Frente al vertiginoso avance de la inteligencia artificial, la sociedad contemporánea se encuentra en una encrucijada donde la tecnología funge simultáneamente como un regalo y una amenaza. Para Otto Scharmer, reconocido profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y artífice de la influyente Teoría U, el verdadero peligro no radica únicamente en la automatización de las tareas, sino en el descuido sistemático de aquellas facultades que nos definen como seres humanos. Mientras se destinan millones de pesos (USD $1 millón equivaldrían a unos 19 millones de pesos mexicanos) en desarrollar algoritmos más complejos, corremos el riesgo de erosionar nuestra capacidad de atención, la calidad de nuestras relaciones y la forma en que tomamos decisiones colectivas.
El suelo social y la importancia de mirar más allá del pizarrón
Durante su infancia en una granja del norte de Alemania, Scharmer aprendió una lección fundamental de la agricultura regenerativa: la abundancia y salud de las cosechas sobre la superficie dependen enteramente de la riqueza invisible del suelo. Trasladado al ámbito organizacional y corporativo, este principio sostiene que los resultados económicos o sociales son tan solo el reflejo superficial de lo que él denomina el suelo social. Esta metáfora alude a la calidad de nuestras interacciones cotidianas, la profundidad de nuestra escucha y la confianza mutua. En regiones como América Latina, donde el talento y la creatividad sobran, la falta de cohesión institucional y la desconfianza suelen frenar el desarrollo genuino, convirtiendo la colaboración en un reto diario para cualquier emprendedor o trabajador.
Tres capacidades en riesgo ante la revolución digital
De cara a su participación en el UMAFEST 2026, programado para los días 14 y 15 de noviembre, el académico advierte que la era digital amenaza de forma directa tres dimensiones esenciales de la experiencia humana. El primer embate recae sobre nuestra atención, fragmentada por estímulos constantes y pantallas. El segundo afecta los vínculos interpersonales, sustituidos a menudo por interacciones algorítmicas y frías. Finalmente, se vulnera nuestra capacidad de actuar desde un propósito compartido y consciente. Desde la redacción de Tantita Tinta, consideramos imperativo replantearnos el rumbo: la verdadera innovación no germina en las líneas de código más avanzadas, sino en la valentía de transformar nuestras comunidades a través del entendimiento mutuo y la empatía.
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Fuente original: WIRED Tecnología