Nacionalidad única: el nuevo filtro para aspirar a la presidencia y otros cargos clave
El pasado 7 de octubre se publicó en el Diario Oficial de la Federación la reforma constitucional impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum que establece la exigencia de nacionalidad mexicana exclusiva para quienes quieran contender por la Presidencia de la República, las gubernaturas de los estados y la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. La medida entrará en vigor a partir de 2028, por lo que no afectará las elecciones de 2027, pero su alcance ya está generando debate en todo el país.
En Tantita Tinta analizamos qué cambia realmente con esta reforma y por qué ha despertado tanto interés entre analistas, políticos y ciudadanía.
Primer cambio: la Jefatura de Gobierno entra al círculo restringido
Hasta la fecha, la Constitución federal ya requería ser exclusivamente mexicano para ocupar la Presidencia y las gubernaturas. La novedad aquí es que la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México se suma explícitamente a esa lista. Antes, el cargo de la capital estaba sujeto a las mismas reglas que cualquier otro puesto de elección popular, pero ahora la reforma deja claro que también se exige la nacionalidad única para aspirar a dirigir la CDMX.
Segundo cambio: no solo “tener”, también “adquirir” otra nacionalidad está prohibido
La redacción anterior ya restringía a los mexicanos por nacimiento que, después de obtener otra nacionalidad, quisieran acceder a esos cargos. La reforma va un paso más allá: ahora se prohíbe tanto tener como adquirir otra nacionalidad, sin importar cómo se obtuvo. Esto significa que una persona nacida en Estados Unidos de madre mexicana, quien por nacimiento posee ambas nacionalidades, quedaría automáticamente fuera de la contienda, incluso si nunca tuvo que tramitar nada para ser considerada estadounidense.
En otras palabras, la lealtad se mide ahora por la ausencia de cualquier vínculo legal con otro Estado, sin distinguir si ese vínculo fue voluntario o inherente al nacimiento.
Tercer cambio: la renuncia debe preceder al registro de candidatura
Antes de la reforma, quien tenía doble nacionalidad podía presentar su renuncia después de haber sido registrado como candidato, siempre que la efectivizara antes de asumir el cargo. Ahora la regla exige que la renuncia se presente antes de solicitar el registro de la candidatura. En la práctica, el aspirante tendría que despedirse de su otra nacionalidad sin la certeza de que obtendrá el voto popular, lo que agrega un riesgo personal y financiero significativo.
Cuarto cambio: la vigilancia continúa durante el ejercicio del cargo
La reforma no se queda en la etapa electoral. Establece que quien ya ocupe la Presidencia, una gubernatura o la Jefatura de Gobierno no podrá:
- Adquirir otra nacionalidad mientras esté en funciones.
- Utilizar documentación de identidad extranjera (pasaportes, visas, etc.).
- Ejercer derechos políticos vinculados con otra nacionalidad (votar en elecciones extranjeras, participar en partidos políticos de otros países).
- Solicitar protección diplomática de otro Estado.
Esta extensión busca asegurar que la lealtad exclusiva se mantenga durante todo el periodo en que el servidor público ejerza sus atribuciones.
¿Qué significa realmente “renunciar a otra nacionalidad”?
En México, una persona puede presentar una declaración de renuncia ante la Secretaría de Relaciones Exteriores y obtener un certificado que acredite su condición de exclusivamente mexicana. Sin embargo, ese documento no implica automáticamente que el otro Estado reconozca la pérdida de su nacionalidad. Cada nación posee su propio marco jurídico para la pérdida o renuncia de la ciudadanía. Por ejemplo, Estados Unidos permite la doble nacionalidad y no exige un trámite específico para dejar de ser considerado estadounidense, salvo en casos muy particulares.
De este modo, la reforma deja abierta una cuestión técnica: ¿cómo se acreditará de manera fehaciente que el aspirante ha perdido realmente la otra nacionalidad? El Congreso cuenta con un plazo de noventa días para adecuar la legislación secundaria y definir los procedimientos de verificación.
El debate de fondo: ¿la doble nacionalidad equivale a menor lealtad?
Uno de los argumentos centrales de la reforma es que quien posee dos pasaportes podría tener lealtades divididas, mientras que quien solo tiene la mexicana sería más confiable para defender los intereses nacionales. Sin embargo, la historia política de México muestra numerosos ejemplos de funcionarios con una sola nacionalidad que han priorizado intereses particulares o particulares sobre el bien común. Asimismo, muchos mexicanistas con doble nacionalidad han demostrado un profundo compromiso con el país, aportando desde la academia, la cultura o el servicio público.
La reforma, por tanto, plantea una paradoja: al querer blindar la soberanía nacional, podría hacer que el acceso a los cargos más altos dependa, en parte, de las decisiones de gobiernos extranjeros sobre sus propias reglas de nacionalidad.
En Tantita Tinta creemos que el diálogo sobre lealtad, identidad y derechos políticos debe basarse en evidencia y en un respeto pleno a la diversidad de las identidades mexicanas, sin caer en simplificaciones que reduzcan la complejidad de la ciudadanía a un simple pasaporte.
Fuente: El Universal