El triunfo del stop motion mexicano: Cuando el “no se puede” se convierte en arte
En Tantita Tinta siempre hemos creído que las mejores historias son aquellas que nacen de la necedad, en el buen sentido de la palabra. Esa terquedad que te hace levantarte cada mañana para trabajar en lo que amas, incluso cuando todo el mundo te dice que estás perdiendo el tiempo. Eso es exactamente lo que vivieron Roy y Arturo Ambriz, los visionarios detrás de la nueva joya animada que está cautivando a los suscriptores de Netflix: Soy Frankelda.
Más que una película, una biografía en movimiento
La animación en México ha dado pasos agigantados, pero el camino nunca ha sido sencillo. En una reciente charla, los hermanos Ambriz confesaron que el proceso de creación de esta cinta fue, en muchos sentidos, una catarsis. Mientras escribían el guion, se enfrentaban a una realidad que muchos creadores independientes conocen bien: el rechazo de una industria que suele preferir lo seguro antes que lo arriesgado.
“Hubo muchos productores que nos dijeron que no podríamos crear nuestro propio material. Nos dijeron que deberíamos dejar nuestros sueños”, comentaron los hermanos. Esa frustración, lejos de detenerlos, se convirtió en el combustible para el alma de Frankelda, la protagonista de esta historia que busca su propio camino a pesar de las adversidades.
El reto de hacer cine artesanal en pleno siglo XXI
Hacer stop motion no es enchílame otra; es un trabajo titánico. Imagina que el presupuesto de una producción de esta magnitud podría superar fácilmente los 50 o 60 millones de pesos mexicanos (estimación basada en producciones de escala internacional), pero el costo real se mide en paciencia. Un equipo de 120 personas dedicó cuerpo y alma para que cada detalle en pantalla fuera una realidad tangible.
- Artesanía pura: Aunque se usó impresión 3D para algunas bases, cada cara fue pintada a mano.
- Detalles microscópicos: Cada plumita y accesorio fue colocado minuciosamente por manos mexicanas.
- Vestuario a medida: Diseños textiles confeccionados específicamente para las dimensiones de cada marioneta.
En Tantita Tinta nos fascina cómo lograron equilibrar el mundo digital con la calidez del trabajo manual. Este “lío” del streaming, donde una serie nace en una plataforma y la película salta a otra, es solo un recordatorio de que, al final del día, el contenido de calidad siempre encuentra su hogar.
¿Por qué esto es importante para la industria mexicana?
Los Ambriz llevan 15 años remando contra corriente. Su historia es un mensaje directo para los jóvenes animadores mexicanos: la constancia es el ingrediente secreto. “Llevamos una década y media sintiendo que el sueño se va a desmoronar, pero con ayuda de artistas talentosos hemos seguido adelante”, señalan. Para nosotros, este éxito no es casualidad, es el resultado de años de no quitar el dedo del renglón.
Ver una producción mexicana de esta calidad en la pantalla de millones de personas alrededor del mundo es la prueba de que el talento nacional no necesita permiso para brillar. Esperamos que este sea solo el inicio de una nueva era donde los creadores mexicanos no tengan que escuchar que “deben dejar sus sueños”, sino que se les abran las puertas de par en par.
Fuente: Espinof