¡De pena ajena! El Clásico de la Talacha termina en batalla campal con César Ramos de protagonista

El futbol amateur se sale de control en Zacatepec

Para nosotros en Tantita Tinta nos encanta hablar de futbol, pero a veces la realidad supera cualquier ficción de reta llanera. Lo que prometía ser una fiesta deportiva inolvidable en el emblemático Estadio Agustín ‘Coruco’ Díaz, ubicado en Zacatepec, terminó convertida en un auténtico ring de lucha libre durante la edición del llamado Clásico de la Talacha.

El enfrentamiento estelar entre Chivas Impulsora y América Buenavista prometía emociones fuertes, no solo por la rivalidad de barrio, sino por los jugosos incentivos económicos en juego: nada menos que un premio de 1 millón de pesos para el equipo ganador. Sin embargo, el ambiente festivo se pudrió en cuestión de segundos, regalándonos una de las trifulcas más penosas de las últimas fechas en el futbol amateur mexicano.

La chispa que encendió el cerillo

El partido ya agonizaba, faltando apenas cinco minutos para cumplir los 90 reglamentarios. El marcador mostraba un contundente 3-1 a favor del conjunto rojiblanco, resultado con el que prácticamente se estaban adueñando del jugoso cheque. No obstante, la tensión acumulada en la cancha reventó cuando el silbante central decidió mostrar la tercera tarjeta roja del encuentro.

Y aquí es donde la cosa se puso interesante, pero de la peor manera. El árbitro encargado de impartir justicia no era otro que César Arturo Ramos Palazuelos, silbante de élite de la Liga MX y con gafete FIFA, quien aceptó pitar este duelo de talacha. Lejos de imponer respeto, su presencia no pudo contener los ánimos calientes de los jugadores.

La invasión y el caos total

  • Batalla campal: Futbolistas de ambos bandos comenzaron los empujones que rápidamente escalaron a golpes y patadas voladoras.
  • Invasión de cancha: Como si faltara drama al asunto, varios aficionados decidieron brincarse a la cancha para sumarse al pleito, convirtiendo el terreno de juego en un caos incontrolable.
  • Agresión al silbante: El propio César Ramos terminó siendo blanco de la histeria colectiva. Mientras abandonaba el terreno de juego rumbo a los vestidores, algunos pseudoaficionados le arrojaron vasos con líquidos, aunque afortunadamente la situación no pasó a mayores golpes físicos.

Ante la falta total de garantías de seguridad para los protagonistas y los asistentes, el cuerpo arbitral y la organización no tuvieron más opción que decretar el final anticipado del partido. Una pena que un torneo con tanto nivel y premios tan atractivos termine manchado por la falta de deportivismo y la violencia en las gradas.

Fuente: Mediotiempo


Deja un comentario