¿Qué tienen en común un cráter marciano y el fondo de nuestros océanos?
En Tantita Tinta siempre hemos dicho que la tecnología no conoce fronteras, pero ahora la ciencia nos acaba de demostrar que tampoco conoce planetas. Imagina que pasas años diseñando una inteligencia artificial para rastrear cráteres en Marte; suena a una chamba muy específica, ¿verdad? Pues resulta que ese mismo algoritmo, con unos cuantos ajustes, acaba de encontrar algo increíble aquí mismo, en la Tierra: 73 estructuras submarinas que, al parecer, son calderas volcánicas que nadie había visto antes.
Parece de película, pero es pura ciencia de alto nivel. La mayor parte del vulcanismo de nuestro planeta ocurre bajo el agua, en un lugar al que casi nadie tiene acceso. El fondo del mar sigue siendo uno de los grandes misterios, un territorio que conocemos menos que la superficie de la Luna.
El algoritmo que viajó más de 54 millones de kilómetros
Históricamente, buscar calderas submarinas implicaba gastar una millonada en submarinos y expediciones riesgosas. Pero un equipo internacional de investigadores decidió tomar un camino distinto. Adaptaron un sistema de IA creado para detectar cráteres de impacto en Marte y lo pusieron a trabajar sobre la base de datos batimétrica global GEBCO. El resultado fue asombroso: de un análisis inicial de 43,000 montes submarinos, el algoritmo encontró más de 87,000 estructuras sospechosas.
Tras filtrar el ruido y revisar los datos, el equipo se quedó con 73 posibles calderas volcánicas que no estaban en ningún registro científico. Para ponerlo en perspectiva, en la literatura científica actual solo se tienen documentadas entre 8 y 13. ¡Estamos hablando de un aumento potencial del 150% en nuestro inventario volcánico submarino!
¿Por qué deberíamos preocuparnos por estos gigantes submarinos?
En Tantita Tinta nos pusimos a investigar qué significa esto para el mundo real. Una caldera no es solo un volcán cualquiera; es esa depresión masiva que queda cuando un volcán se desploma sobre sí mismo tras una erupción masiva. Y aunque muchas pueden estar ‘dormidas’ por millones de años, su existencia es clave por varias razones:
- Seguridad global: Las grandes erupciones bajo el agua tienen el potencial de generar tsunamis que, dependiendo de su magnitud, podrían ser peligrosos para las costas.
- Infraestructura crítica: Muchos de nuestros cables de telecomunicaciones —esos que nos permiten ver videos y trabajar desde la compu— pasan por el fondo oceánico. Conocer estas zonas ayuda a prevenir desastres.
- Vida extrema: Las calderas suelen ser hogar de sistemas hidrotermales donde habitan formas de vida únicas que desafían nuestra comprensión de la biología.
Lo que falta por descubrir
Aunque el hallazgo es emocionante, los investigadores mantienen los pies en la tierra: estas 73 estructuras aún deben confirmarse mediante observaciones de alta resolución. Por ahora, son candidatos muy sólidos, pero la ciencia exige pruebas definitivas.
Si tomamos en cuenta que apenas una cuarta parte del fondo oceánico ha sido cartografiado con tecnología moderna, es lógico pensar que esto es apenas la punta del iceberg. El océano cubre más del 70% de la superficie de nuestro planeta, y la tecnología nos está permitiendo, por fin, ver lo que siempre estuvo ahí, oculto bajo kilómetros de agua.
Fuente: WIRED en Español