De los guateques al ‘precopeo’: Así ha cambiado la fiesta en la CDMX década tras década

¡La fiesta nunca termina! Un viaje por la vida nocturna que nos define

Si hay algo que los chilangos sabemos hacer bien es darle vida a la noche. Desde las reuniones familiares en la sala de la casa hasta los festivales masivos que hoy retumban en el Autódromo Hermanos Rodríguez, la forma en la que nos divertimos en la CDMX ha cambiado tanto como nuestra propia ciudad. En Tantita Tinta, nos dimos a la tarea de desempolvar el archivo y recordar cómo pasamos del rock and roll de los 50 a los speakeasy de alta gama que hoy invaden la Juárez.

Los años 50 y 60: Entre rockeros y la sofisticación del jazz

Todo empezó con las fiestas donde el código de vestimenta era ley: ellos de traje y ellas con vestidos entallados. El baile era la actividad principal y la música en vivo, ya fueran tríos o grandes orquestas, dictaba el ritmo. Lugares como El Patio o El Waikikí eran el punto de reunión de la élite nocturna. Para los 60, la cosa se puso más frenética con el twist y el hully gully en clubes de la Zona Rosa, mientras la cultura A Go Gó tomaba las pistas con minifaldas y peinados que desafiaban la gravedad.

Los 70 y 80: El nacimiento del antro y la ‘barra libre’

Si viviste los 70, seguramente recuerdas el cambio radical que trajo la música disco. Las pistas iluminadas de lugares como Magic Circus cambiaron el juego para siempre. Ya para los 80, la moda era el Hi-NRG y el pop, con esa estética de pantalones de mezclilla y peinados llenos de spray que hoy nos dan un poco de risa (y nostalgia). Fue la época en la que la ‘barra libre’ se volvió el estándar de oro en las discotecas, aunque la tradición de ir al Salón Tenampa a echarse un tequila con mariachi seguía firme.

Los 90 y 2000: Raves, afters y la llegada del smartphone

Los 90 marcaron la llegada de la cultura rave: bodegas clandestinas, luces neón y el nacimiento del concepto de ‘antro’ como sinónimo de prestigio. Al entrar al nuevo milenio, la tecnología empezó a meter su cuchara. Sin Uber ni aplicaciones, la logística era un caos: nos mandábamos mensajes SMS y usábamos cámaras digitales para subir fotos a Hi5. Fue aquí cuando se instauró la religión del ‘precopeo’ (esos tragos en casa que nos ahorraban un buen dinero) y el glorioso ‘bajón’ de tacos al salir.

De 2010 a hoy: El boom de lo artesanal y la experiencia inmersiva

La última década nos trajo la democratización de la fiesta. La Roma y la Condesa se convirtieron en el epicentro de la vida nocturna con bares de cerveza artesanal y una oferta de mezcal que desplazó al tequila. Hoy, el panorama es una mezcla gloriosa: lo mismo puedes acabar en un listening bar escuchando vinilos en equipos de alta fidelidad, que en un festival inmersivo.

¿Sabías que irte de fiesta tiene ciencia? Diversos estudios indican que el simple hecho de socializar y bailar dispara la producción de endorfinas. Así que, más allá de la diversión, es una necesidad básica para soltar el estrés de la chamba. Hoy, una salida estándar puede costarte desde unos 400 MXN en un bar local hasta lo que quieras gastar en coctelería de autor; la clave es que la CDMX siempre tiene un rincón para ti.

Fuente: Sopitas Cosas


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