¿Sabías que un Beatle anduvo deambulando por tierras mexicanas mucho antes de sus mega conciertos en el Auditorio Nacional?
En Tantita Tinta nos encanta hurgar en el archivo histórico, y hoy toca recordar una joya (o quizás una excentricidad) que une a Ringo Starr, la era de piedra y, por supuesto, nuestro México lindo y querido. Antes de que el baterista más famoso del mundo llenara estadios en la CDMX, tuvo que ponerse pieles, cargar una maza y aprender a comunicarse con apenas 15 palabras prehistóricas. ¿El motivo? La película El Cavernícola (1981).
Un reto actoral entre dinosaurios y locaciones mexicanas
Si bien Ringo ya había hecho sus pininos en el cine con los Beatles y colaboraciones con figuras de la talla de Marlon Brando, El Cavernícola representó un giro de tuerca bastante peculiar. La cinta, dirigida por Carl Gottlieb (quien ya traía el éxito de Tiburón bajo el brazo), proponía una comedia de humor físico donde el lenguaje brillaba por su ausencia. El reto para el músico no era menor: transmitir todo sin decir ni una palabra moderna.
La producción necesitaba locaciones que nos hicieran creer que estábamos en la prehistoria, y vaya que dieron con el punto. ¿Los escenarios? Nada menos que el imponente Parque Nacional Sierra de Órganos en Sombrerete, Zacatecas, las tierras de Mexiquillo en Durango y los legendarios Estudios Churubusco en nuestra capital.
Anécdotas de película: El día que regañaron a un Beatle
Como siempre ocurre cuando una estrella de ese calibre pisa suelo mexicano, las leyendas urbanas brotaron como hongos. Se dice que al entrar al país, el equipo de aduanas no le tuvo piedad tras el lío que había tenido Paul McCartney en Japón poco antes; revisaron sus maletas de arriba abajo. Pero nuestra historia favorita es la que cuenta que, durante el rodaje en Durango, Ringo entró a una tienda de música y, en un arranque de melomanía, se sentó a tocar la batería de exhibición. La encargada, sin saber que tenía a un Beatle frente a sus ojos, lo corrió a gritos. ¡Qué tal! Seguramente esa joven aún se lamenta de haberle pedido a Ringo Starr que le bajara a su intensidad.
Un romance nacido en el set
Más allá de que la crítica en su momento no fue nada amable con el filme —que costó cerca de 13 millones de dólares, algo así como 260 millones de pesos mexicanos de la época—, para Ringo el proyecto fue una victoria absoluta. En el set conoció a la actriz y modelo Barbara Bach. Según el propio músico, fue un flechazo inmediato. La química fue tan real que, apenas un año después y antes de que la película se estrenara formalmente en tierras mexicanas, la pareja ya estaba contrayendo matrimonio en el Reino Unido.
Para nosotros en Tantita Tinta, esta historia es la prueba de que, a veces, los proyectos que parecen más descabellados terminan dándonos las mejores sorpresas de la vida. Ringo no solo nos regaló una comedia inolvidable (por lo rara), sino que se llevó a su media naranja gracias a su paso por México. Y tú, ¿ya te aventaste la maratón de esta película con tus papás o algún fan de los Beatles?
Fuente: Sopitas Deporte