¿Alguna vez te has preguntado de dónde salió esa disciplina que hoy nos ayuda a estirarnos y ganar fuerza?
Si eres de los que disfruta tomar una clase de Pilates para liberar el estrés de la oficina, seguro te sorprenderá saber que el origen de esta práctica no nació en un estudio lleno de luz y música relajante, sino en medio del caos y el encierro de la Primera Guerra Mundial. En Tantita Tinta, nos dimos a la tarea de investigar esta historia, porque detrás de cada movimiento hay un relato de resiliencia que vale la pena conocer.
¿Qué es realmente el método Pilates?
Más allá de ser una moda del mundo wellness, el Pilates es un sistema de acondicionamiento físico diseñado para conectar la mente con el cuerpo. Joseph Hubertus Pilates, su creador, lo llamó originalmente Contrología. La premisa es simple pero poderosa: mejorar la flexibilidad, fortalecer los músculos y, sobre todo, corregir la postura mediante un control absoluto de cada movimiento. Hoy, esta disciplina es una herramienta clave para la rehabilitación física y la salud integral.
Un origen marcado por la guerra
Para entender el método, debemos hablar de Joseph Pilates, un hombre nacido en 1883 en Alemania. Hijo de un gimnasta y una mujer dedicada a la medicina alternativa, Joseph creció en un ambiente donde el cuerpo era el protagonista. Sin embargo, su vida dio un giro radical cuando se mudó a Inglaterra y estalló la Primera Guerra Mundial.
Bajo la Ley de Restricción de Extranjeros de 1914, el gobierno británico decidió encerrar a miles de ciudadanos alemanes en campos de internamiento. Joseph terminó en el campo de Knockaloe, en la Isla de Man, un lugar donde más de 20 mil personas vivían bajo condiciones de encierro extremo.
El nacimiento de la “enfermedad del alambre de púas”
Dentro del campo, el tiempo se estancaba. El médico Adolf Lukas Vischer acuñó el término ‘enfermedad del alambre de púas’ para describir el deterioro mental y físico que sufrían los prisioneros por la falta de actividad. Joseph no era alguien que se quedara de brazos cruzados. Observando a los gatos del lugar, notó algo fascinante: a pesar del encierro, estos animales mantenían una agilidad envidiable gracias a sus constantes estiramientos.
Fue ahí cuando Joseph empezó a aplicar sus conocimientos como boxeador y gimnasta. Comenzó a liderar rutinas de ejercicio para sus compañeros, usando resortes de las camas del hospital para crear resistencia. Lo que empezó como un esfuerzo desesperado por mantenerse sano, terminó convirtiéndose en el prototipo de las máquinas de Pilates que vemos hoy en día en cualquier gimnasio, donde una hora de clase puede costar entre 200 y 450 MXN.
El legado que llegó a Estados Unidos
Cuando la guerra terminó en 1919, Joseph regresó a Alemania, pero en 1926 decidió cruzar el Atlántico para probar suerte en Estados Unidos. Fue en Nueva York donde terminó de pulir su sistema, convirtiéndolo en la disciplina que hoy practican millones de personas alrededor del mundo.
En Tantita Tinta creemos que esta historia nos deja una lección vital: a veces, los momentos de mayor dificultad son los que nos obligan a ser más creativos. Pilates no solo creó un sistema de ejercicios, creó un refugio mental en tiempos de guerra. Así que, la próxima vez que estés en tu tapete concentrándote en tu respiración, recuerda que ese movimiento fue diseñado para sobrevivir al encierro más duro.
Fuente: Sopitas Cosas