De la tierra al clóset: ¿Son los hongos el futuro de la moda sostenible o puro cuento?

¿La moda sostenible está escondida bajo nuestros pies?

En Tantita Tinta siempre estamos buscando esas historias que, además de tener mucho estilo, nos hacen cuestionar cómo estamos consumiendo ropa. Hace unos años, la industria de la moda se volvió loca con la idea de usar micelio (la red de filamentos de los hongos) para crear alternativas a la piel animal. Gigantes como Adidas, Stella McCartney y Hermès se subieron al tren, prometiendo que el futuro de los textiles sería orgánico y cultivado en laboratorio.

Pero, como bien dicen, del dicho al hecho hay mucho trecho. Empresas como Bolt Threads, que intentaron revolucionar el mercado con su material llamado Mylo, terminaron por pausar sus proyectos de moda para enfocarse en la cosmética. ¿El problema? Escalar una innovación así requiere una infraestructura y una lana (inversión) que, a veces, parece inalcanzable para los grandes conglomerados.

El diseño latino poniendo el ejemplo: El caso de Plas Collective

Mientras los gigantes se toman un respiro, hay mentes brillantes allá afuera trabajando con recursos limitados pero con una creatividad que vuela. Aquí entra Plas Collective, una marca con base en Milán, fundada por la uruguaya Nathalie Danten. Ella no necesitó una inversión millonaria para demostrar que los hongos sí tienen un lugar en nuestro guardarropa.

Nathalie, graduada de Parsons en Nueva York, nos enseña que el secreto está en la colaboración. Su colección “Mycelia”, desarrollada junto al estudio parisino Aléa Work, es la prueba de que la experimentación no tiene que ser aburrida ni efímera. ¿Cómo funciona? Básicamente, integran el micelio en el tejido para que, tras un proceso de lavado, los hongos dejen una coloración natural única en la prenda.

¿Es esto para traerlo en la vida diaria?

Quizá te preguntes: “¿Voy a traer hongos viviendo en mi blusa?” La respuesta es un rotundo no. El proceso es meramente creativo y funcional: se trata de usar la naturaleza para evitar procesos químicos contaminantes. Nathalie lo tiene muy claro: “No se trata de ponerse un cohete para ir a trabajar, sino de valorar piezas únicas con una historia real detrás”.

  • Innovación artesanal: Más allá de los hongos, la marca utiliza deadstock (telas sobrantes) y botones rescatados.
  • Producción consciente: La idea es bajarle dos rayitas a la velocidad del fast fashion y enfocarnos en prendas que duren.
  • Identidad latina: Plas Collective demuestra que la visión de los diseñadores de Latinoamérica puede marcar el paso en la moda de alta gama en Europa.

Para nosotros en Tantita Tinta, este tipo de proyectos son los que realmente valen la pena. En un mundo donde todo se siente desechable, vestir algo que fue diseñado pensando en el impacto ambiental y con un toque de genialidad artística es, en sí mismo, un acto de rebeldía con mucho estilo. La próxima vez que veas una prenda con un concepto innovador, recuerda: quizá no necesites gastar 20 mil pesos en una marca de lujo, sino apoyar a quienes están cultivando el futuro desde la raíz.

Fuente: Vogue


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