Robert Eggers nos mete de nuevo en el terror folclórico
Si eres fan de las historias que se cocinan a fuego lento, con una ambientación que te pone los pelos de punta, seguro ya sabes que Robert Eggers está de vuelta. El director, famoso por regalarnos joyitas como La Bruja o El Faro, regresa con Werwulf, una película que promete diseccionar la leyenda del hombre lobo con esa precisión histórica y ese estilo gótico que ya es su sello personal.
En Tantita Tinta, la neta, nos emociona ver cómo Eggers toma figuras clásicas —después de vampiros y vikingos— para darles una vuelta de tuerca. En Werwulf, nos transporta a la Inglaterra del siglo XIII, donde conoceremos a un padre de familia que, además de lidiar con la chamba del campo, carga con una maldición atroz que lo convierte en bestia. Pero, ¿de dónde viene toda esta obsesión con los licántropos? Acompáñanos a recorrer la historia de este mito.
El hombre lobo: un espejo de nuestros peores miedos
Más allá de los efectos especiales, el hombre lobo ha sido, durante milenios, una representación de la violencia y el lado oscuro que, en teoría, todos reprimimos. Desde la Epopeya de Gilgamesh, donde la diosa Ishtar castiga a un pastor convirtiéndolo en lobo para ser devorado por sus propios perros, hasta la mitología griega con el Rey Licaón —a quien Zeus convirtió en lobo por intentar servirle carne humana—, la figura ha servido para marcar las líneas de lo que la sociedad considera “humano” y lo que no.
Un recorrido por la historia y sus mitos
La evolución de este ser es fascinante. Aquí te dejamos algunos puntos clave que hemos analizado en Tantita Tinta para que llegues bien preparado a ver la película:
- Guerreros y tótems: En el norte, los famosos berserkers y úlfheðnar no eran hombres lobo literales, sino guerreros que, en su frenesí de batalla, invocaban la fiereza de los lobos.
- El folklore medieval: Durante el siglo XIII, relatos como el de Gervasio de Tilbury ya hablaban de hombres que perdían la razón durante ciclos lunares. Curiosamente, en esa época, la cacería de lobos en Inglaterra no era solo folclore, era una necesidad económica: los lobos acababan con las ovejas, que eran el motor de la industria de la lana.
- El filtro cristiano: Para la iglesia de hace unos siglos, la licantropía no era una enfermedad, sino un pacto con el diablo. Esto llevó a juicios donde personas con trastornos mentales o asesinos en serie eran juzgados como criaturas infernales, siendo Peter Stubbe uno de los casos más infames en 1589.
Del cine de terror a la metáfora moderna
El siglo XX fue el que terminó de pulir al hombre lobo como lo conocemos. Fue en 1935 con Werewolf of London donde nació la idea del contagio por mordida, y en 1941, con The Wolf Man, cuando se popularizó la famosa debilidad por las balas de plata. Años después, la figura se convirtió en una metáfora perfecta para los cambios de la adolescencia, como vimos en múltiples producciones de los 80.
Con Werwulf, Eggers no busca darnos sustos baratos. Lo que esperamos es una inmersión profunda en la ruptura de la identidad humana. La pregunta es: ¿estás listo para ver lo que este granjero inglés esconde cuando sale la luna? En Tantita Tinta estaremos al pendiente de cada detalle antes de su estreno. ¡No te despegues!
Fuente: Sopitas Cosas