El futuro ya llegó… y quiere su propio código postal
En Tantita Tinta nos fascina seguirle la pista a esos proyectos que parecen sacados de una buena película de ciencia ficción, pero que con unos cuantos miles de millones de dólares en la mesa se vuelven una realidad bastante tangible. Imagina despertar mañana en una comunidad diseñada exclusivamente para exprimir al máximo las mieles de la Inteligencia Artificial General (IAG), donde los edificios, las calles y hasta las reglas del juego están dictadas por algoritmos. ¿Suena a locura? Pues prepárate, porque este ambicioso plan está más cerca de lo que crees y tendrá como escenario nuestra entrañable América Latina.
El proyecto viene de la mano de Praxis, una startup impulsada por empresarios estadounidenses que decidió plantar bandera en tierras sudamericanas. Concretamente, el país elegido fue Uruguay, una nación que presume de estabilidad económica y democrática, ideal para echar a andar su primer complejo urbanístico a gran escala. Dryden Brown, el mandamás y cofundador de Praxis, asegura sin tapujos que la IAG está a NADA de generar una abundancia económica sin precedentes, y ellos quieren transformar esa opulencia digital en ladrillos, concreto y espacios urbanos futuristas.
¿Qué es exactamente Praxis y quiénes están detrás?
Para entender este tremendo lío, hay que rascarle un poco al origen. Praxis nació como una comunidad tecnológica apoyada fuertemente por criptomonedas y empresarios con una visión muy particular: fundar una “ciudad-estado” física y tecnolibertaria. Detrás de este engranaje hay pesos pesados de Silicon Valley, con fondos de inversión respaldados por figuras tan sonadas como Sam Altman, además de fichas clave de corporaciones como OpenAI, Anthropic, Tesla y SpaceX, sin olvidar mentes brillantes salidas de Harvard y Stanford.
La idea central de estos más de 1,500 miembros es construir una nación autónoma que utilice la IA para coordinar objetivos comunes, mejorar con cada campaña y guiarse bajo una estricta supervisión humana, todo financiado con un presupuesto simbólico para la IA. Suena a que los dueños de la tecnología quieren crear su propia burbuja, ¿no crees?
Conexión charrúa y millones sobre la mesa
Para hacer este sueño realidad, Praxis no viene sola. El proyecto se desarrollará de la mano de +Colonia, un desarrollo inmobiliario que se levanta cerca de Colonia del Sacramento, justo a la orilla del Río de la Plata. Esta alianza contempla una inversión calculada en unos 20,000 millones de pesos mexicanos (equivalentes a 1,000 millones de dólares) que se soltarán en los próximos tres años.
La primera fase de este acuerdo prevé la urbanización de unos 350,000 metros cuadrados de terreno, cuya compra se amarrará en el primer semestre del próximo año. Eduardo Bastitta, cofundador de +Colonia y exasesor económico, señala que ya hay unos 2,700 miembros de Praxis formados y con la cartera lista para invertir y mudarse a este nuevo hub tecnológico que busca conectar talento de Argentina y Uruguay.
- Inversión masiva: Alrededor de 20,000 millones de pesos mexicanos destinados a infraestructura tecnológica.
- Superficie inicial: 350,000 metros cuadrados listos para la era de la IA.
- Respaldo de peso: Gigantes tecnológicos y fondos de capital de riesgo metidos de lleno en el desarrollo.
¿Un paraíso digital o una bomba de tiempo para la soberanía?
Por supuesto, no todo es miel sobre hojuelas. Aunque en sus etapas iniciales Praxis ha prometido respetar toditito el marco jurídico de Uruguay —evitando chocar con las leyes locales de entrada—, las alertas rojas ya están encendidas entre los analistas políticos. Mucha gente teme que este tipo de iniciativas terminen socavando la democracia, la igualdad y la soberanía de los países al concentrar un poder desmedido en manos de unos cuantos magnates tecnológicos.
A esto se le suma el debate sobre la visión hipermasculina y ultralibre que promueven líderes como Brown y Bastitta, quienes simpatizan con modelos económicos donde la intervención del Estado se reduce al mínimo. En Tantita Tinta nos preguntamos: ¿estamos viendo nacer las primeras ciudades independientes gobernadas por algoritmos o simplemente el capricho más caro de la historia moderna? El tiempo, y los servidores, nos dirán la última palabra.
Fuente: WIRED en Español