La realidad de la justicia por propia mano en México
El caso de Doña Carlota, una mujer que armó su casa a tiros y luego tomó cuchillo, es solo uno de los ejemplos que ilustran un fenómeno alarmante: la justicia por propia cuenta. En Tantita Tinta analizamos las causas, las repercusiones y las posibles soluciones a esta creciente ola de violencia comunitaria que, según expertos, responde a una impunidad institucional de más del 95 % en delitos.
El vacío institucional que alimenta la venganza
El artículo 17 de la Constitución mexicana prohíbe que las personas ejerzan justicia por su propia mano, pero la ley solo tiene poder si el Estado cumple su deber de protección. Cuando las fiscalías se saturan y los procesos judiciales se retrasan, la ciudadanía se ve obligada a buscar su propia justicia. En la práctica, esto se traduce en vecinos que se reúnen, armados o sin armas, para resolver disputas sin pasar por el sistema legal.
Una historia que se repite a diario
Doña Carlota, de Colima, ya había denunciado años de violencia y abusos a la Fiscalía y quedó en la cola de un expediente que nunca se abrió. Cuando sus agresores siguieron atemorizándola, decidió cocinar un platillo con veneno y luego, en un arranque de pánico, los atacó con un cuchillo de cocina. La escena conmocionó a la policía y a los vecinos que se reunieron en la calle, testigos de una violencia que, en teoría, el Estado debería evitar.
Según el abogado penalista Iván Chávez, este tipo de incidentes no son un capricho individual, sino la consecuencia directa de un sistema que falla. “Cuando la procuración de justicia abandona a la víctima, la persona queda arrojada a un abismo donde la supervivencia desplaza a la legalidad”, explica.
El impacto de un sistema colapsado
- Más de 2.5 millones de carpetas de investigación pendientes, lo que garantiza que la impunidad se consolide antes de que un juez conozca el caso.
- Centros penitenciarios que no readaptan a nadie, sino que se convierten en semilleros de criminalidad.
- La reforma judicial, en lugar de resolver la crisis, ha creado un nuevo Tribunal de Disciplina Judicial con sesgo político.
La investigación de la antropóloga Elena Azaola Garrido destaca que la falta de programas de prevención en la infancia y la crianza son la raíz del problema. “Los menores que crecen en entornos de violencia y abandono son más propensos a caer en redes delictivas”, señala.
¿Un cambio posible?
El abogado Xavier Cortina Cortina cita a Singapur como modelo de reforma integral. “La salida no es solo legal, sino también un cambio cívico cotidiano: respetar semáforos, educar en casa y en escuelas, y reforzar la confianza en las instituciones”, sugiere.
Para Tantita Tinta, la solución pasa por dos frentes: fortalecer el Estado de derecho mediante una reforma judicial profunda y la creación de programas de prevención en la infancia. Mientras tanto, la ciudadanía debe seguir exigiendo transparencia y rendición de cuentas a sus autoridades.
Fuente: Sopitas Geek