La emergencia que no debería ocurrir
Imagínate despertar un día y encontrarte con que el lugar donde buscas salud mental no puede ni siquiera garantizarte lo más básico: un plato de comida. Pues esto no es un escenario hipotético, es la cruda realidad que están denunciando varias organizaciones sobre los hospitales psiquiátricos más icónicos de la Ciudad de México.
En Tantita Tinta nos dimos a la tarea de investigar qué está pasando realmente en instituciones como el Fray Bernardino Álvarez, el Juan N. Navarro y el Samuel Ramírez Moreno. La denuncia, liderada por Disability Rights International y el Movimiento de Personas con Discapacidad, pone sobre la mesa un tema urgente: la vida y dignidad de las personas con discapacidad psicosocial que, literalmente, se están quedando sin qué comer.
¿Falta de pago o falta de empatía?
Desde el pasado 10 de junio, la alerta se encendió. No solo los pacientes han alzado la voz, sino también el personal médico, que lleva días denunciando a través de redes sociales y movilizaciones que la situación es insostenible. Lo más grave es que el mismo secretario de Salud, David Kershenobich, habría señalado que todo este drama se debe a un problema administrativo: falta de pago a la empresa externa que opera los comedores.
Para nosotros en Tantita Tinta, resulta alarmante que un trámite burocrático se convierta en una barrera para los derechos humanos más fundamentales. Como bien dicen los activistas, el Gobierno Federal no puede permitirse que la falta de un pago deje en el desamparo a los sectores más vulnerables.
El llamado a la desinstitucionalización
Más allá del conflicto inmediato por los alimentos, esta crisis ha revivido un debate necesario. En marzo de 2026, el Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad fue claro: México necesita urgentemente un sistema de desinstitucionalización. Pero, ¿qué significa esto?
- No se trata de cerrar puertas y dejar a la gente a su suerte.
- Es diseñar un modelo donde existan apoyos en la comunidad.
- Fomentar la autonomía y la inclusión social en lugar de mantener a las personas encerradas en edificios que, a veces, fallan hasta en lo más básico.
¿Qué dice la autoridad?
Tras la presión mediática y las manifestaciones, la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) salió a dar la cara. A través de una tarjeta informativa, aseguraron que ya se emitió el fallo de una licitación para garantizar que el suministro de alimentos no se detenga. Es más, la institución se aventuró a afirmar que, pese a lo que dicen los pacientes, el servicio nunca se suspendió del todo.
La versión oficial choca de frente con el testimonio de quienes viven ahí. Un usuario del Fray Bernardino, con años de experiencia dentro de la institución, fue tajante: “La situación ya se salió de las manos. Yo que he sido paciente desde los 18, nunca me había tocado ver esto”.
Conclusión: No podemos normalizar lo inhumano
Lo que sucede en estos hospitales no es solo un tema de falta de presupuesto o contratos fallidos; es una alerta roja sobre cómo estamos tratando a nuestras poblaciones más frágiles. La alimentación es un derecho humano, no un lujo sujeto a licitaciones. En Tantita Tinta seguiremos pendientes de este caso, porque la salud mental y la dignidad de las personas no pueden esperar a que la burocracia decida ponerse de acuerdo.
Fuente: El Universal