¿Aprobar sin aprender? El riesgo real de pasar de grado sin bases en México

¿Realmente ayuda pasar de año sin reprobar?

En Tantita Tinta sabemos que el tema educativo siempre toca fibras sensibles en las familias mexicanas. Recientemente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación dio luz verde al modelo de evaluación de la SEP, que prácticamente elimina la reprobación en la educación básica. Aunque la intención oficial es evitar que nuestros niños y adolescentes se sientan estigmatizados o abandonen la escuela, los especialistas están lanzando una alerta que no podemos pasar por alto: aprobar sin aprender podría salirnos muy caro a largo plazo.

El sistema, ¿con diagnóstico enfermo?

La realidad es que, bajo este nuevo esquema, un estudiante puede avanzar de grado aunque arrastre vacíos importantes en su conocimiento. Expertos coinciden en que esto no es solo un tema administrativo, sino pedagógico. Erik Avilés, de Mexicanos Primero, lo pone claro: el Estado parece preferir que los niños aparezcan como ‘avanzados’ en un documento, aunque en la práctica no hayan consolidado ni las bases de lectura, ni de escritura, ni de matemáticas.

Las cifras que preocupan

No es por ser alarmistas, pero los datos nos obligan a abrir los ojos. Actualmente, el panorama en las aulas es complejo:

  • Cinco de cada diez alumnos en nivel básico no tienen comprensión lectora adecuada.
  • Dos de cada tres estudiantes no logran dominar operaciones matemáticas elementales.

Cuando eliminamos la reprobación como señal de alerta, perdemos la oportunidad de intervenir a tiempo. Si un alumno no entiende los conceptos de un año y lo pasamos al siguiente, lo único que estamos haciendo es acumular una ‘deuda de aprendizaje’ que se volverá impagable conforme suban de nivel.

La escuela no es solo el papel

Otro punto que en Tantita Tinta nos parece vital discutir es el de la asistencia. Sabemos que hay causas de fuerza mayor por las cuales un niño puede faltar a clase —temas de transporte, dinero o problemas familiares—, pero borrar la asistencia como requisito para acreditar el año no soluciona la raíz del problema. La solución debería ser atacar las causas con apoyos sociales reales y no simplemente haciendo como que no pasa nada.

Además, ¿qué pasa con los maestros? El modelo deposita mucha confianza en la evaluación docente, pero en un país donde un solo profesor atiende a grupos de 40 alumnos o más, el acompañamiento personalizado suena a una misión imposible. Sin las condiciones adecuadas, la regularización se queda en una promesa vacía.

¿Qué sigue para nuestros hijos?

Paulina Amozurrutia, de Educación con Rumbo, subraya que la evaluación debe ser una herramienta para que el estudiante crezca, no un simple trámite. Si le quitamos el peso al aprendizaje, lo que estamos construyendo es una brecha educativa que va a lastimar, sobre todo, a los niños en contextos más vulnerables, rurales o indígenas, donde la escuela es muchas veces la única ventana a mejores oportunidades.

En lugar de normalizar el ‘pase automático’, la prioridad nacional debería estar en fortalecer la capacitación de nuestros maestros, ajustar los planes de estudio y, sobre todo, invertir en políticas sociales que aseguren que los niños tengan lo necesario para estar en el aula, aprender y, efectivamente, subir de nivel con los conocimientos que realmente los prepararán para la vida.

Fuente: El Universal

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