¿Nos quedamos sin el regreso de Remy a la cocina?
En el mundo de Hollywood, donde las franquicias mandan y el dinero habla, existe una regla de oro que parece escrita en piedra: si una película se convierte en un éxito rotundo, la secuela es solo cuestión de tiempo. Es el modelo de negocio que ha mantenido a flote a grandes estudios, pero en Tantita Tinta nos hemos dado cuenta de que, a veces, la integridad artística le gana a la chequera. Y esta vez, la víctima (o bendecida) es una de las joyas más queridas de Pixar: Ratatouille.
Brad Bird, el genio detrás de esta historia, ha dejado claro que no tiene el menor interés en volver a los fogones de París. En una reciente charla con medios especializados, el director fue tajante: la historia de Remy ya está contada.
¿Por qué la negativa de Bird?
A pesar de que el estudio ha lanzado “insinuaciones” —esas bromas que en realidad son peticiones disfrazadas para ver si el director muerde el anzuelo—, Bird se mantiene firme. “Cada vez que haces algo que la gente ama, inmediatamente piensan: ‘¿Y si hacemos otra?’. Y yo simplemente respondo que no”, comentó. Para el cineasta, alargar una historia que ya tuvo un cierre perfecto solo arruinaría la magia.
Esta postura no es nueva para él. Bird ya ha pasado por lo mismo con otra de sus obras maestras, El gigante de hierro. A pesar de que la película pasó sin pena ni gloria por la taquilla en su estreno (mucho antes de convertirse en un clásico de culto), el clamor popular por una secuela nunca ha cesado. La respuesta del director sigue siendo la misma: ¿qué sentido tiene darle continuidad a algo que ya terminó?
La perspectiva de los actores
No todos piensan igual. Patton Oswalt, quien le dio voz al entrañable roedor en 2007, ha expresado en múltiples ocasiones que le encantaría volver. Eso sí, con una condición: que sea bajo la visión de Brad Bird. Oswalt es consciente de que una secuela forzada, nacida de una reunión de ejecutivos en una sala de juntas, no tendría el mismo alma que la original. La idea, dice, debe ser algo “orgánico”, algo de lo que no puedas escapar, no un producto sacado de un bloc de notas para cumplir con una cuota de mercado.
¿Por qué necesitamos soltar las secuelas?
En Tantita Tinta analizamos constantemente este fenómeno. Si bien nos encantan las continuaciones bien hechas (y siendo honestos, Pixar ha tenido grandes aciertos como Toy Story), también creemos que hay películas que se sostienen por sí solas. La industria actual, acostumbrada a exprimir franquicias hasta el último centavo, a veces olvida que el cine también es sobre el valor de un final.
Si Disney decidiera seguir adelante sin Brad Bird, el riesgo sería alto. Hacer una película “al vapor” solo por el nombre, podría decepcionar a una base de fans que recuerda la aventura de Remy como una pieza de alta cocina cinematográfica. Por ahora, nos toca conformarnos con la versión original, que sigue siendo una delicia, igual que un buen platillo a 200 grados Celsius recién salido del horno.
¿Tú qué opinas? ¿Preferirías ver una secuela a cualquier precio o mejor dejamos a Remy disfrutar de su éxito en paz?
Fuente: Espinof