¿La migración aumenta el crimen? La ciencia dice que no
Durante años, el discurso político en Estados Unidos ha estado dominado por una narrativa recurrente: culpar a la migración indocumentada de casi cualquier mal, especialmente de la inseguridad en las calles. Sin embargo, en Tantita Tinta nos dimos a la tarea de revisar qué dice la ciencia detrás de todo ese ruido y los hallazgos son, por decir lo menos, reveladores.
Un estudio exhaustivo, realizado por expertos de las universidades de Stanford, Akron y California en Irvine, analizó nada más y nada menos que 11,500 barrios en más de 100 ciudades estadounidenses. La conclusión es contundente: no hay un vínculo directo entre la presencia de migrantes indocumentados y el aumento de la delincuencia general. De hecho, la realidad es mucho más compleja y menos sensacionalista de lo que se escucha en los mítines políticos.
¿Por qué este estudio sí marca la diferencia?
A diferencia de otras investigaciones que se quedan en la superficie o analizan datos estatales —que son demasiado generales—, este equipo se metió hasta la cocina: barrio por barrio. Según Charis Kubrin, coautora de la investigación, el estudio utilizó datos del Censo de Estados Unidos para analizar a 46 millones de personas, permitiendo entender lo que realmente ocurre en las comunidades donde la gente vive y hace su vida diaria.
Para que te des una idea, los investigadores se enfocaron en delitos como robo a casas, asaltos a transeúntes y homicidios. Al controlar factores como la historia de los barrios y su composición social, descubrieron que en muchas áreas, a mayor presencia de migrantes sin documentos, se registraron menos delitos contra la propiedad.
El fenómeno de la vulnerabilidad: ¿Por qué hay robos?
Aunque el estudio detectó una ligera tendencia al alza en ciertos tipos de robos en áreas específicas, los expertos no culpan a los migrantes, sino a su vulnerabilidad. Piénsalo así: al no tener papeles, muchos migrantes no pueden abrir una cuenta bancaria y terminan recibiendo su sueldo en efectivo. Esto los convierte, irónicamente, en el blanco perfecto de los delincuentes.
“Podría ser que los índices de criminalidad sean más altos en algunos barrios porque los inmigrantes son víctimas en lugar de delincuentes”, apunta Kubrin. Es decir, la falta de acceso a sistemas financieros formales los pone en riesgo, no su comportamiento.
¿Qué sigue para las políticas públicas?
Para nosotros en Tantita Tinta, lo más rescatable de este análisis es la propuesta: en lugar de gastar recursos en políticas migratorias que resultan ineficaces para la seguridad pública, quizás la clave esté en la integración. Si se les brindaran más oportunidades financieras y sociales, la brecha de inseguridad se cerraría sola.
Los investigadores fueron tajantes al sugerir que las fuerzas policiales deberían concentrar sus esfuerzos en los barrios donde los problemas estructurales —y no la presencia migratoria— son los verdaderos detonantes del crimen. Queda claro que, ante los datos fríos y duros, el discurso de la “seguridad a costa de la migración” está perdiendo su fuerza.
Fuente: WIRED en Español