¿El fin de una tradición o un paso hacia la inclusión?
Si fuiste de los que se desvivió estudiando para tener ese 10 perfecto y poder portar con orgullo la bandera en la escolta escolar, agárrate, porque las reglas del juego cambiaron drásticamente para el ciclo 2025-2026. En Tantita Tinta nos dimos a la tarea de analizar la nueva Guía Operativa de la Autoridad Educativa Federal en la Ciudad de México (AEFCM), y la noticia ha generado un verdadero lío en la conversación pública.
¿Qué pasó? Resulta que las calificaciones de excelencia dejaron de ser el pase VIP para integrar la escolta. La nueva política, bajo los principios de la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM), busca transformar lo que antes considerábamos un acto de “mérito académico” en una experiencia formativa donde todos tengan oportunidad de participar.
¿Cómo funcionará ahora?
La nueva normativa es muy clara: la selección ya no depende de si eres el más aplicado de la clase, ni de tus rasgos físicos o tu conducta. Ahora, será el Consejo Técnico Escolar (CTE) el encargado de decidir quiénes integran el grupo de seis estudiantes. Además, se implementará una dinámica rotativa en los niveles básico, preescolar y secundaria, con el objetivo de que todos los alumnos pasen por esa experiencia durante el ciclo escolar.
Las voces a favor y en contra
Como era de esperarse, el tema tiene a los especialistas y padres de familia echando chispas. Por un lado, figuras como Paulina Amozurrutia, de Educación con Rumbo, advierten que quitar el mérito académico como filtro es un error. Para ella, el honor de portar el lábaro patrio debería ser una recompensa al esfuerzo constante. “Reducir el valor del esfuerzo hace creer a los niños que todo se da igual, sin importar el trabajo de cada día”, señala.
En el otro extremo, organizaciones como Tejiendo Redes Infancia celebran la medida. Juan Martín Pérez argumenta que esto es un avance contra la discriminación y la meritocracia clasista que, por años, ha marcado líneas divisorias desde la primaria. Según esta visión, la escuela no debería ser un espacio de exclusión, sino de igualdad.
¿Un término medio?
Para otros, como Israel Sánchez de la Unión Nacional de Padres de Familia, el problema no era reconocer el desempeño, sino la rigidez del sistema anterior. “Había niños con 9.5 que se esforzaban muchísimo y se quedaban fuera solo porque alguien más sacó 10”, explica. Él sugiere que, aunque la inclusión es positiva, la escuela debe seguir buscando formas de incentivar el esfuerzo sin caer en la arbitrariedad.
Lo cierto es que esta transformación es profunda. Ya no se trata solo de quién tiene las mejores notas, sino de cómo entendemos la participación ciudadana desde la infancia. En Tantita Tinta nos preguntamos: ¿estamos quitando incentivos o estamos democratizando la vida escolar? El debate apenas comienza.
Fuente: El Universal