La batalla por la atención: ¿El fin del celular en clase?
Si alguna vez te has sentido como un ninja tratando de ocultar el celular debajo de la butaca para revisar un mensaje o ver qué hay de nuevo en redes, tenemos noticias: la fiesta se está terminando. En Tantita Tinta hemos seguido de cerca una tendencia que está ganando terreno a pasos agigantados en nuestro país. Entre 2025 y 2026, 11 entidades federativas decidieron que el “scroll infinito” no tiene cabida durante las horas de clase.
Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León, Guanajuato, Hidalgo, Estado de México, CDMX, Tamaulipas, Querétaro, Guerrero y Morelos han levantado la mano para poner orden. La premisa es simple: el salón de clases es para aprender, no para perderse en el feed de Instagram o en el último video viral.
¿Qué implican estas medidas?
No se trata de una cacería de brujas, sino de reglas claras. En estos estados, las medidas varían pero convergen en puntos clave:
- Restricción total: Prohibido el uso del celular en el aula, a menos que el profesor lo autorice para una actividad pedagógica específica.
- Cero grabaciones sin permiso: Se acabaron los videos que invaden la privacidad de alumnos y docentes.
- El resguardo es la clave: En muchos planteles, la estrategia ganadora es que el equipo se guarde al llegar y solo se regrese al toque de salida.
¿Por qué tanto drama? Los datos no mienten
Para nosotros en Tantita Tinta, lo que más nos llamó la atención fue el impacto real. Según la OCDE, entre el 40% y el 50% de los estudiantes confiesan que el celular es su principal distractor. Por otro lado, investigadores de la Michigan State University revelaron que los universitarios ¡pasan hasta el 40% de su tiempo en clase en redes sociales! Eso es casi la mitad de su jornada académica desperdiciada.
Marco Fernández, investigador del Tec de Monterrey, lo pone en perspectiva: “Hoy, 114 países han establecido restricciones. Es una tendencia global necesaria para rescatar la concentración de las nuevas generaciones”. Y es que no es solo cuestión de sacar buenas notas, sino de desarrollar habilidades críticas como el análisis y la síntesis, que se están viendo opacadas por la inmediatez de las pantallas.
¿Es el fin de la tecnología en la escuela?
Para nada. El reto, como señala Paulina Amozurrutia de Educación con Rumbo, es el uso excesivo y la falta de regulación socioemocional. El verdadero problema no es solo lo que ocurre en el aula, sino la adicción que arrastramos desde casa. Muchas escuelas públicas todavía enfrentan el reto de no tener la infraestructura para “blindar” los aparatos, pero la tendencia es clara: el salón de clases está volviendo a ser un espacio de interacción humana, cara a cara.
La pregunta ahora es: ¿veremos esta medida implementarse en todo el territorio nacional? Mientras tanto, es momento de guardar el celular y, quizá, recuperar un poco de esa atención que tanta falta nos hace para entender el mundo real. ¿Tú qué opinas, crees que es una medida necesaria o una exageración?
Fuente: El Universal