¿Qué pasó en el río Pánuco? La historia detrás de la censura
En Tantita Tinta siempre hemos defendido que el periodismo no es un delito, sino un servicio vital para la sociedad. Sin embargo, nos topamos con casos que nos dejan un sabor amargo en la boca. Recientemente, el equipo periodístico de Elefante Blanco, conformado por Karen Salas y Óscar Ramos, vivió una experiencia de película de terror durante una cobertura en Tamaulipas que, francamente, no debería ocurrir en un país democrático.
Mientras intentaban documentar las consecuencias de un posible derrame de hidrocarburos frente a la refinería “Francisco I. Madero” de Pemex, los comunicadores fueron interceptados por elementos de la Secretaría de Marina (Semar). Lo que comenzó como un trabajo de investigación ambiental, terminó en un lío de intimidación y amenazas.
Datos personales en manos equivocadas: el nuevo temor
El meollo del asunto no solo es que les hayan impedido hacer su chamba. Durante la confrontación, que duró más de 15 minutos, los elementos navales no se limitaron a pedirles que se retiraran. Fueron mucho más allá: fotografiaron su vehículo, sus placas y, lo más preocupante, sus identificaciones de prensa. Estos documentos contenían información sensible como su CURP y número de seguridad social.
Como bien señala la organización defensora de derechos, el miedo de Karen y Óscar es más que válido: ¿qué van a hacer las autoridades con esa información? En un entorno donde la seguridad de los periodistas es un foco rojo constante, tener a elementos de una fuerza federal registrando datos personales sin una razón clara es, cuando menos, una táctica intimidatoria que nos debe poner a todos los ciudadanos en alerta.
¿Censura ambiental o exceso de celo?
A pesar de que los reporteros se identificaron plenamente, los marinos obligaron a la pareja a borrar todo el material que habían captado con su dron. ¿El pretexto? Que supuestamente estaban en una zona restringida, aunque las imágenes solo documentaban un posible daño ecológico al río Pánuco y no instalaciones estratégicas de seguridad nacional.
La presión llegó a tal punto que les advirtieron sobre “consecuencias jurídicas” si no borraban las fotos y videos. Es un golpe directo al derecho a la información. En Tantita Tinta cuestionamos: ¿desde cuándo investigar un derrame de petróleo se considera una amenaza a la seguridad?
¿Qué sigue después de la disculpa?
Aunque Pemex se comunicó con los directivos de Elefante Blanco para ofrecer una disculpa, en el gremio periodístico sabemos que eso no basta. Una disculpa no borra el acoso, ni devuelve la tranquilidad a quienes fueron intimidados mientras hacían su labor.
Las exigencias son claras:
- Que la Semar y Pemex expliquen por qué se recopilaron datos personales sensibles.
- Que se inicie una investigación seria sobre el actuar de los elementos involucrados.
- Que se garantice que los periodistas puedan trabajar sin miedo a represalias.
- Que la Comisión de Derechos Humanos intervenga ante este atropello.
Para nosotros en Tantita Tinta, la transparencia ambiental es un derecho de todos. Si el río Pánuco presenta daños, la sociedad tiene derecho a saberlo, y los periodistas tienen el derecho —y la obligación— de contarlo. Estaremos muy pendientes de qué pasa con esta denuncia, porque la libertad de expresión no es negociable.
Fuente: El Universal