Doce años de ausencia y una exigencia que no se apaga en la CDMX
Se dice fácil, pero doce años pesan como plomo. Este fin de semana, la Ciudad de México volvió a convertirse en el escenario de una de las heridas más profundas de la historia contemporánea de nuestro país. En Tantita Tinta le damos seguimiento puntual a esta dolorosa jornada donde madres, padres, compañeros y activistas marcharon desde el Ángel de la Independencia hasta el Zócalo capitalino para gritar con la misma fuerza del primer día: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!
La cita con la memoria reunió a centenar de personas que, bajo una ligera llovizna, avanzaron por Paseo de la Reforma cargando lonas con los rostros de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, ubicada en Ayotzinapa, Guerrero. A más de una década de aquella fatídica noche entre el 26 y 27 de septiembre de 2014, el clamor sigue siendo el mismo: verdad, justicia y saber dónde están.
El alto costo humano: Madres y padres que se adelantaron sin respuesta
Uno de los momentos más desgarradores del mitin central en la plancha del Zócalo fue recordar a quienes ya no están físicamente para seguir buscando a sus hijos. Se informó que, en estos doce largos años, al menos ocho madres y padres de los normalistas han fallecido con el corazón roto y con las manos vacías, sin conocer el paradero de sus muchachos.
Sin embargo, la resistencia se mantiene firme gracias a voces como la de Cristina Bautista, madre de Benjamín Ascencio Bautista. Con una entereza que conmueve a cualquiera, declaró ante los medios y los presentes: “A un hijo no se le puede olvidar. La gente dice que es mucho tiempo, pero a nuestros hijos los tenemos presentes y por el amor que les tenemos es que estamos de pie”. Para el equipo de Tantita Tinta, la dignidad de estas familias es un recordatorio constante de que la memoria colectiva en México es inquebrantable.
Tensión, vallas y jaloneos en las calles
Como ocurre cada año en este tipo de movilizaciones de alto impacto, la tensión no faltó. Por un lado, diversas organizaciones civiles, como Amnistía Internacional, cuestionaron fuertemente la colocación de vallas metálicas alrededor de monumentos históricos, la Catedral Metropolitana y Palacio Nacional. Desde su perspectiva, estas estructuras solo reflejan la lejanía y la indolencia del Estado frente al dolor legítimo de los manifestantes.
Por otro lado, la marcha no estuvo exenta de momentos de confrontación. En las inmediaciones de Avenida Juárez y Eje Central Lázaro Cárdenas, grupos de jóvenes encapuchados se enfrentaron con elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC). Las autoridades capitalinas informaron sobre el aseguramiento de bolsas con piedras y botellas, mientras que algunos contingentes lograron replegar brevemente a los policías tras un par de forcejeos tensos que afectaron la circulación en la zona centro.
Un caso que sigue rebasando administraciones
Las voces críticas no se hicieron esperar. Organizaciones como la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos señalaron sin rodeos que el caso Ayotzinapa le ha quedado grande a todas las administraciones federales que han pasado desde aquel trágico 2014. A pesar de los informes y las promesas gubernamentales, la falta de resultados contundentes y la opacidad en torno a la actuación del Ejército continúan siendo los grandes obstáculos para cerrar este capítulo.
Para nosotros en Tantita Tinta, queda claro que las calles seguirán siendo el megáfono de quienes no tienen voz y que el calendario seguirá avanzando, pero la exigencia de justicia se mantiene intacta hasta saber la verdad absoluta.
Fuente: El Universal