¿Cultura o un gasto que desafina? El caso de México Canta
En Tantita Tinta siempre nos gusta escarbar un poquito más allá de lo que nos cuentan en las conferencias de prensa. Recientemente, nos topamos con un tema que está dando mucho de qué hablar: el programa México Canta, una iniciativa del gobierno federal que, bajo el lema de fomentar la paz y alejarse de las adicciones, terminó costando la friolera de 77 millones 250 mil 763 pesos. Sí, leyó bien, una cantidad que nos hace preguntarnos si el presupuesto está afinado o si de plano se les fue la nota.
Un contrato con sabor a… ¿lonas y despensas?
Lo curioso no es solo la cifra, sino quién se quedó con el contrato. Resulta que la Secretaría de Cultura decidió adjudicar este proyecto a través de una licitación pública donde, ¡oh, sorpresa!, solo hubo una propuesta. Las empresas elegidas fueron Exo Films y Prestadora de Servicios Atenea. Si les suenan poco familiares en el mundo del espectáculo, no se sienta mal; es que su currículum previo incluye cosas tan variadas como la impresión de lonas y la venta de edredones y piernas ahumadas para sindicatos en Durango.
Para nosotros en Tantita Tinta, es inevitable cuestionar cómo es que empresas especializadas en logística de artículos de oficina y abarrotes terminaron siendo las encargadas de la producción de un reality musical binacional que recorrió sedes en México y Estados Unidos.
El reality y la realidad que no cambia
El concurso se planteó como una forma de combatir la apología a la violencia a través de la música. Con 365 seleccionados de más de 15 mil inscritos, el programa buscaba dar voz a compositores de entre 18 y 34 años. Nadie niega que impulsar el talento joven es necesario, pero los expertos tienen sus dudas. La socióloga Sandra Oceja Limón lo pone sobre la mesa con claridad: “No puede desactivar la violencia”.
Al final, el programa se convirtió en un esfuerzo titánico que fue transmitido por 25 medios públicos, pero que deja una pregunta en el aire: ¿es realmente un gasto eficiente cuando el presupuesto en arte y educación sufre recortes constantes? Como bien señala el investigador José Manuel Valenzuela Arce, aunque no es una mala idea en términos de ofrecer alternativas, está lejos de ser la solución mágica contra los problemas estructurales que aquejan al país.
¿Qué sigue en este drama?
Mientras la convocatoria para 2026 ya está cerrada y esperamos la final en septiembre próximo, nos quedamos con una reflexión: la música une, pero los contratos millonarios adjudicados de manera singular dividen opiniones. En Tantita Tinta seguiremos dándole seguimiento a cómo se utiliza el dinero público, porque al final del día, lo que se gasta en cultura debería resonar positivamente en los bolsillos y en el ánimo de todos los mexicanos.
Fuente: El Universal