Chequera de guerra: Por qué Israel acaba de inyectar US$13.000 millones extra a su presupuesto militar

El costo real de la defensa: Un presupuesto en pie de guerra

En las altas horas de la madrugada, cuando el silencio suele reinar en los pasillos gubernamentales, el gabinete del primer ministro Benjamin Netanyahu selló un acuerdo que redefine las prioridades de la nación. Israel ha decidido pisar el acelerador financiero, aprobando una revisión masiva del presupuesto estatal para 2026 que añade la asombrosa cifra de US$13.000 millones (unos 39.000 millones de shekels) destinados a cubrir los costos operativos de la guerra.

Este movimiento no es solo una cuestión de números en una hoja de cálculo; es un reflejo de la cruda realidad geopolítica que enfrenta el país. De este nuevo fondo, la mayor parte —aproximadamente 32.000 millones de shekels— se destinará directamente a defensa, mientras que otros 7.000 millones se mantendrán en una reserva táctica para imprevistos militares. En total, el gasto adicional representa cerca del 1,5% del Producto Interno Bruto (PIB) israelí, una cifra que pone de manifiesto la magnitud del esfuerzo bélico.

¿De dónde saldrá el dinero? El dilema del déficit

Financiar una maquinaria de guerra de este calibre no es tarea fácil, y los efectos secundarios ya empiezan a notarse en la macroeconomía. Para equilibrar la balanza, el gobierno ha tenido que tomar decisiones difíciles que impactarán directamente en el ciudadano de a pie:

  • Aumento del déficit: El objetivo de déficit fiscal se ha elevado del 3,9% al 5,1%. Un salto significativo que incrementa la presión sobre la deuda nacional.
  • Recortes en servicios civiles: Se ha aprobado un recorte lineal del 3% en todos los ministerios no relacionados con la defensa. Esto afecta a servicios que, según analistas, ya operaban con presupuestos ajustados.
  • Uso de superávit: Se utilizarán 10.000 millones de shekels provenientes de excedentes en los ingresos del Estado.

Este ajuste llega en un momento delicado, ya que la previsión de crecimiento del PIB para el presente año ha sido ajustada a la baja, pasando del 5,2% al 4,7%. La economía israelí, conocida por su resiliencia y su potente sector tecnológico, está sintiendo el peso de un conflicto que mantiene a miles de trabajadores fuera de sus puestos y en las líneas de combate.

El factor humano: Reservistas y el cierre económico

Uno de los mayores desafíos financieros ha sido el despliegue masivo de reservistas. Aunque inicialmente se planeó un límite de 40.000 soldados con 55 días de servicio cada uno, la realidad de la guerra contra Irán ha obligado a movilizar a más de 100.000 efectivos. Esto no solo dispara la nómina militar, sino que vacía oficinas y fábricas, restando productividad al país.

El impacto económico es tangible: el Ministerio de Finanzas estima que cada semana de cierre total de la economía cuesta unos 9.000 millones de shekels. Actualmente, Israel opera bajo una economía de guerra parcial, con instituciones educativas cerradas y una reapertura limitada de los sectores productivos, lo que ralentiza cualquier intento de recuperación rápida.

Supervivencia política en juego

Más allá de los tanques y los misiles, este presupuesto es un salvavidas político para la coalición de Netanyahu. Según la ley israelí, si el presupuesto no se aprueba antes del 31 de marzo, el gobierno cae automáticamente, forzando elecciones anticipadas. Con este visto bueno del gabinete, el primer ministro gana aire hasta las próximas elecciones previstas para octubre.

Para lograr la unidad necesaria, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, reveló un giro inesperado: se ha archivado temporalmente el polémico proyecto de ley que eximía a los hombres ultraortodoxos del servicio militar. “Es momento de unidad y responsabilidad nacional”, afirmó Smotrich, logrando que los partidos religiosos de la coalición cedieran en sus demandas para priorizar la financiación de la defensa.

Un horizonte de deuda y austeridad

El panorama a largo plazo presenta nubarrones. La ratio deuda/PIB de Israel se acerca peligrosamente al 69%, y los intereses anuales que el país paga por sus préstamos de guerra ya ascienden a 10.000 millones de shekels. Las medidas de austeridad, que incluyen nuevos impuestos y recortes por un total de 30.000 millones de shekels, están proyectadas para mantenerse en vigor hasta finales de 2027.

En resumen, Israel está apostando todo a su capacidad defensiva, entendiendo que la seguridad inmediata tiene un precio que la economía deberá pagar durante la próxima década. La aprobación parlamentaria definitiva, que se espera para finales de este mes, será el último paso para formalizar este histórico giro en las finanzas de la nación hebrea.

Fuente: Bloomberg

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