El precio de la tensión: Un presupuesto que rompe moldes
En un movimiento que deja claro que la paz no está precisamente en la agenda inmediata, el gabinete de Benjamín Netanyahu ha dado luz verde a una revisión masiva del presupuesto estatal para 2026. No hablamos de calderilla: se trata de una inyección adicional de 13.000 millones de dólares (unos 39.000 millones de shekels) destinados exclusivamente a engrasar la maquinaria bélica en el conflicto que mantiene contra Irán. Este ajuste no es solo una declaración de intenciones militar, sino un terremoto financiero que redefine las prioridades del Estado judío.
La aprobación ocurrió en las primeras horas de este miércoles, tras una jornada maratónica de negociaciones. El plan añade 32.000 millones de shekels directamente al Departamento de Defensa, lo que representa aproximadamente el 1,5% del Producto Interno Bruto (PIB) de Israel. A esto se le suman otros 7.000 millones de shekels que quedarán en reserva para lo que el gobierno llama “posibles necesidades militares de emergencia”. En un lenguaje menos diplomático: Israel se está preparando para un escenario de largo aliento.
Déficit al alza y recortes: ¿Quién paga la cuenta?
Como suele ocurrir cuando se gasta lo que no se tiene, la pregunta del millón es de dónde saldrá el dinero. El gobierno ha decidido que la mayor parte de este suplemento se financie mediante un aumento del déficit fiscal, el cual pasará del 3,9% al 5,1%. Es una apuesta arriesgada que pone a prueba la confianza de los mercados internacionales en la resiliencia económica del país.
Pero el déficit no es el único protagonista. Para cuadrar las cuentas, Netanyahu y su ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, han aplicado una receta clásica pero dolorosa: recortes. Se ha aprobado una tijera fija del 3% en el resto de los ministerios, afectando principalmente a los servicios civiles. Esto ha levantado ampollas en sectores que ya denunciaban una infrafinanciación crónica en comparación con otros países de la OCDE. Educación, salud e infraestructura deberán apretarse el cinturón mientras los misiles y los drones ocupan el centro del escenario presupuestario.
El ajedrez político de Netanyahu
Más allá de los tanques y los aviones, este presupuesto es un auténtico salvavidas político para el actual gobierno. Según la ley israelí, si el presupuesto no se aprobaba antes del 31 de marzo, el gobierno se habría disuelto automáticamente, forzando elecciones anticipadas. Al lograr este acuerdo, Netanyahu no solo financia su estrategia militar, sino que asegura su permanencia en el poder, al menos hasta las elecciones previstas para octubre.
Para conseguirlo, se tuvo que sacrificar un peón polémico. Smotrich reveló que el gobierno archivó temporalmente el proyecto de ley que eximía a los hombres ultraortodoxos de servir en el ejército. Los partidos religiosos, pilares de la coalición, parecen haber aceptado esta tregua legislativa en nombre de la “responsabilidad nacional”. Como bien dijo Smotrich: “La guerra es un momento para la unidad”.
Consecuencias económicas: Un país a pie de guerra
El panorama económico se ha ensombrecido notablemente. La previsión de crecimiento del PIB para este año ya fue rebajada del 5,2% al 4,7%. Y es que mantener a un país en estado de alerta máxima no es barato. Se estima que una semana completa de cierre económico cuesta unos 9.000 millones de shekels. Con las instituciones educativas cerradas y gran parte de la población en refugios o movilizada, la actividad económica es, en el mejor de los casos, limitada.
- Deuda récord: El endeudamiento de Israel ha alcanzado niveles nunca vistos tras dos años de hostilidades constantes.
- Reservistas: Aunque el plan original preveía 40.000 reservistas, el ejército ya ha llamado a filas a más de 100.000 personas desde finales de febrero.
- Intereses: Israel está pagando cerca de 10.000 millones de shekels anuales solo en intereses por los préstamos solicitados para financiar la guerra.
En resumen, Israel ha decidido que la seguridad nacional está por encima de la estabilidad fiscal a corto plazo. Con una defensa que ahora consume 144.000 millones de shekels (un 120% más que en 2023), el país se encamina a un 2026 marcado por la austeridad en lo social y la expansión en lo militar. El tablero está listo, pero el costo humano y financiero sigue subiendo.
Fuente: Bloomberg